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en las tortuosas callejas que fonnan aquel barrio sui generis, pueden contemplarse las barracas y tugurios de la feria de Saint- Laurent, lugar frecuentadisimo durante los reinados de Luis X V y J uis X V I La iglesia Le Saint- Julien des Mcnétriers, la de Saint- Eiistache, el campanario del Ohatélet, algunos fragmentos del Louvre y gran número de viviendas famosas por su arquitectiira ó por los recuerdos que traen á la memoria; la casa del miniaturista Llamel, la del impresor Robert Etienne, la de Eenaudot, el decano de los periodistas; el pabellón de los Cinges, donde nació Moliere, y otros muchos igualmente interesantes. El trabajo que representa la resurrección de estas cenizas, es colosal; pero Alberto Robida conseguirá con él un galardón digno de su esfuerzo: el elogio de todo el mundo, que apreciará su obra como merece. La construcción de los pabellones extranjeros, que ocupan desde el puente de los Inválidos al puente del Alma, está también á punto de ternainar. LTno de los m á s interesantes de estos pabellones, el de la República Sudafricana, ofrece la particularidad de ser el que primero se ha concluido. Se compone esta interesante edificación, debida al arquitecto Heubes, de un palacio oficial, que contiene un gran salón destinado al presidente, y algunas galerías donde se expondrán los productos del país. Varias instalaciones constitiiirán la exposición; entre ellas, la que está llamada á despertar mayor curiosidad es la s ¡T- h J L P. M KI. I.O N nv. ESP. N. i1 V B 1I Í n i- fmrmáSe S! H dedicada á mostrar el proceso de la riqueza de aquel suelo: la producción del oro, que será una reconstitución perfecta de la explotación minera del Transvaal. A este efecto, se h a t r a n s p o r t a d o una considerable c a n t i d a d de mineral en bruto, para simular una mina subterránea, de la que obreros negros traídos exprofeso harán la extracción, siguiendo los procedimientos empleados en su país; el público podrá presenciar, n o sólo este trabajo, sino todas las operaciones á que se somete el mineral hasta quedar convertido en barras de oro. Habrá, a d e m á s r na granja boer, cuyo mueblaje y u t e n s i l i o s s e PABEI. I- OK 1 E 1 T. LIA