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Los obreros que trabajan en los edificios de la Elxposición no se dan punto de reposo. E s necesario que las obras exteriores queden terminadas en plazo breve, porque la instalación de los objetos que h a n de figurar en los pabellones exige muchos días, y el tiempo escasea. Un paseo por el campo extensísimo que ha de ocupar este certamen monstruo, es tarea larga, difícil, pero ciiriosa. La decoración cambia á cada instante con sólo volver la vista de un lado á otro; pero mírese donde se mire, vense palacios concluidos, andamiajes que ocultan otros en construcción, grúas que elevan piedras, vehículos que transportan ma- teriales, y ejércitos de hombres que trabajan feb r i l m e n t e como moviá impulso de un mecanismo eléctrico. Algunos parajes de la Exposición dan idea del aspecto que han de ofrecer exteriormente, porque los edificios que los forman est á n concluidos ó en vísperas de ello. El viejo París, la famosa resurrección de Alberto Eobida, se encuentra en este caso. Desde lejos se ven los edificios con sus torres, que se reflejan en las aguas del Sena, con sus ventanales, sus tejadillos, ofreciendo un conjunto pintoresco en que se mezclan los varios estilos de la arquitectura de pasadas épocas, y de que existen muy raros ejemplares en el París de nuestros días, cambiado totalmente por la piqueta demoledora y la invasión de los nuevos gustos. El ingenioso constructor de esta obra que han de admirar los extranjeros, no se ha circunscrito á una época determinada, sino que h a querido ofrecer un conjunto que evoque recuerdos de pasadas edades. Cerca de la Sainte- Ghapeüe construida por Luis X I I vese u n trozo del Pónt aú Change edificado por Luis X I I I y rit, NS AAl.