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PÁGINAS HISTÓRICAS PRISIÓN DEL PRÍNCIPE DE VIANA La dramática historia del príncipe de Yiana, odiado por su padre i) Juan I I y aborrecido por su nuidrastra dolía J u a n a Knríquoz, ha inspirado varios liermosos cuadros á nuestros más ilustres pintores. A la muerte de su madre la infortunada y piadosa Doña Blanca, correspondía al príncipe Carlos la corona de navarra; pero u n a cláusula del testamento de aquélla, dictada indudablemente por un resto de consideración hacia su codicioso marido, sirvió á i) J u a n I I para apoderarse de un cetro que no le correspondía. Casado el usurpador monarca en segundas nupcias con doiía J u a n a línríquez de Castilla, comenzó para su hijo el infortunado príncipe T) Carlos una serie de desventuras, que no tuvieron íiii sino con la muerte del desposeído primogénito de doña Blanca de A avarra. Luchó contra su padre, y fué vencido en Aybar y en Estella, teniendo que refugiarse en Cápolcs al amparo de su tío Alfonso V de Aragón. L a muerte de éste le redujo de nuevo á la situación de un prófugo desamparado. Pero, como dice un historiador español, donde quiera que iba el príncipe Carlos hallaba, en medio de su infortunio, la satisfacción más pura para las almas nobles y generosas: el afecto y los simpatías de cuantos le conocían y trataban. A pesar del odio creciente de su padre, prefirió ser hijo reconciliado en E s p a ñ a á ceñir coronas que en Ñapóles y Sicilia le ofreciei- on, y atendiendo candidamente, ó mejor dicho, por obra de su honradez nativa, á voces de reconciliación, presentóse en las Cortes de Lérida como hijo y como amigo, y fué preso y encerrado en un castillo. La dramática escena de su prisión es la que ha interpretado tan magistralmente el pincel de D. Emilio Sala. Alzái- onse los catalanes en favor del piiucipe de Viana, y le rescataron de la prisión, conduciéndole en triunfo á Barcelona, donde fué aclamado con entnsia. smo lugarteniente general del Principado y heredero y sucesor legítimo de todos los reinos de la corona de Aragón; poro Carlos de Viana, ol príncipe más modesto, más instruido y más amable de su tiempo, como escribe el aludido histoiúador, estaba destinado á morir luchando con su desdichada suerte, y falleció en la flor d e su edad (1401) dejando sumidos en dolor y llanto á sus adeptos. La tradición, ya que no pueda hacerlo la Historia, atribuye la muerte del infortunado príncipe á un tósigo preparado por la mano criminal do su madrastra. l l pueblo que tanto le quiso en vida dio en decir que su sepulcro obraba prodigios, y que el cuerpo de Carlos do Viana hacía milagros, dando vista á los ciegos y habla á los mudos. Ciertamente que aunque estas fantasías populares no tuvieran fundamento alguno, el desdichado príncipe realizó un milagro digno de su alma grande. Instituyó por heredera del reino de Navarra á su h e r m a n a Doña Blanca; y á su padre D. J u a n II, al mismo que con tanto saña habíale perseguido durante toda su vida, le legó mil florines. ¡Obró, pues, el milagro del perdón, el mas hermoso de todos! Fotog. Lamen t