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Todos los s a c a m u e k s de aquel Estado jugaron un billete de lotería que con el premio gordo salió premiado, el cual de cien millones excedería. Compraron cierta ínsula vasta y hermosa; importaron semillas, hombres y aperos, y allí la grey dentista fué codiciosa á vivir del trabajo de los obreros. Pero en vez de labriegos encallecidos en labores agrícolas, aquellas gentes á, la ínsula llevaron sus protegidos, sus deudos, sus amigos y sus parientes. Confiriéronse cargos estrafalarios, porque el rudo trabajo no codiciaban, viviendo los empleados y propietarios á costa de unos cuantos que trabajaban. ¡líspectácnlo trislel ¡Cuatro labriegos manteniendo u n ejército de sacamuelas en un país pobrísimo, falto de riegos, sin fábricas, ni industria, ni artes, ni escuelas! La virtud no obtenía los galardones que sólo al parentesco se relegaban, y lo debido al bueno, muchos bribones á favor de un pariente lo conquistaban. Fundaron en la ínsula cierta asamblea, en donde los graduados de charlatanes, con voces deshuesadas de toda idea, mostraban de política soberbios xdanes. Que había allí oradores tengo por cierto; pero ay 1 en este siglo ¿qué es la oratoria? do sonoras palabras vano concierto que ni rinde provecho ni causa gloria. JSÍo es la expresión metódica de estudio grave que muestra razonada su labor fría, sino el arte mañoso de aquel que sabe embravecer en público su fantasía. Complicida l del arte con el engafio, atraco del espíritu, que, sorprendido de palabras falaces aplaude el daño porque llegan sonoras hasta el oído. Y pasan por nosotros como esos goces con que estimula al cuej- po naturaleza, que, tras deleite vano, cruzan veloces, ¡dejándonos sumidos en la tristeza! Mus, sea lo que fuere, vamos al grano, y el grano es que en la ínsula se acabó el trigo, y la chusma dentista buscaba en vano el pan de su pariente y el de su amigo. Hubo por esta causa mil discusiones, protesta en los de arriba y en los de abajo, motines, algazaras y sediciones; en fin, hubo de todo, menos trabajo. Un sacamuelas viejo, cuco y ladino, exclamó en la asamblea: ¿Falta dinero? Pues entonces no queda más que un camino: Pedir sobre estas tierras al extranjero. Jesús, qué h o m b r e tan sabio! -dijeron todos; le dieron parabienes, lauros y abrazos, y se estableció entonces de varios modos el sistema hacendista de dar sablazos. Para saciar do vagos la gran mesnada tan espantosas deudas se contrajeron, que, por cobrarse en la ínsula desventurada, entre gentes extrañas la repartieron. Solo con el transcurso de largos años, viendo el amargo fruto de la experiencia, dejaron á una parte charlas y engaños y en el trabajo hallaron la independencia. RAFAEL TORROMÍ: I s- A I 1 s: t,