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1 3 MKDICla DK COMBATK DB LOS BOERS. ARTTLLKHIA VADEANDO UN KIO todos suy progresos otra cosa que el valor personal, la estrategia rústica y el entusiasmo inven (ni) le nue liahíamos convenido en afirmar que no servía para nada. Para trasladar sus cañones, los ingleses han gastado muchos miles de libras esterlinas en comprar mulos, que son los animales más á propósito para este objeto; pero estos mulos se les mueren al llegar á África ó se les espantan durante la lucha, y les hacen perder la acción y los cañones, que van á poner en posesión del enemigo, como si habiendo simpatizado con su causa, se hubiesen declarado prófugos de su e, iército. En cambio, los boers echan mano de los mismos bueyes que les servían para sus labores del campo ó para sus excursiones de nómadas, y con ellos vadean los ríos, haciéndoles arrastrar sus cañones, y á ellos confían el traslado de sus convoyes cuando las condiciones especiales del terreno se lo permiten y lo aconsejan, ó se convierten ellos mismos en acémilas para tirar de su artillería y de sus carros. El generalísimo BuUer y los grandes mariscales de aquel ejército trazan planes, consultan mapas, hacen uso del globo y del catalejo, circulan partes, dan órdenes, disponen las cosas para una acción, y emprenden la jornada de modo que el triunfo no puede fallar con arreglo á los principios tácticos. Mientras, los boers con su servicio de vigilancia, de escuchas y de espías, se informan de sus planes y los esperan pacientemente. Por todo adelanto científico, para enterarse de sus movimientos usan el gran sistema de trepar á la cumbre de las montañas, y cuando el enemigo ha llegado al sitio conveniente lo atacan de improviso y lo aniquilan, sin haberse servido de otros planes que atraerlos hábilmente al terreno más favorable para el triunfo y aguardar su paso escondidos entre las rocas, ni dis currir medios estratégicos de mayor trascendencia que X el de colocar sus sombreros en lo alto de las peñas para que el enemigo apunte sobre ellos creyendo que al atravesar un sombrero han destrozado una cabeza, jr mientras ellos, ocultos, disparan por entre los resqui -s cios, y otros igualmente ingeniosos, pero que segura 5. mente no han sido previstos por ningún experto mili 1. tar, ni figuran en tratado alguno de estrategia. x En la mayor parte de los combates se ha dado el easo que aquí se indica, lo cual no ha impedido q; e la victoria corresponda á los débiles, y que los poderosos, los bien organizados, los que disponían de los mejores elementos para la lucha, hayan sufrido el descalabro. Hechos son éstos que vienen á demostrar de un modo palpable lo contrario de lo que había establecido la ciencia y la experiencia, y de los que se desprende que en la guerra es muy aventurado confiar a! humano poder lo que es en realidad patrimonio exclusivo de más ele vada voluntad y de más inquebrantable designio. Y lección es ésta que deben aprovechar los poderosos, para convencerse de lo imprudente que es dejarse llevar por la soberbia, y de lo frágiles y deleznables que resultan las leyes de los hombres, leyes que, por sólidamente cimentadas que parezcan, vienen á desti uir, cuando no se fundan en la razón y KSTÜATEGIA BOElt en la justicia, el más ligero soplo de la voluntad omnipotente. 5: M. FRITZ TÍEITCHKL UX HLAKCO EXGANOSO