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LA GUERRA ANGLO- BOER CARTAS A BLANCO Y NEGRO IV El Oabo, Ef ero 190 Para desmentir la teoría de que en la guerra moderna los medios de combate son el todo, ninguna razón más poderosa que la que se desprende del resultado de la lucha entre ingleses y boers, que hoy preocupa hondamente al mundo, y que viene á perturbar con hechos indudables todas las leyes del arte bélico, destruyendo principios que se tenían por axiomáticos. El ejército inglés, numeroso, organizado con arre. lo á planes discurridos y puestos en práctica por los conspicuos l e l a milicia, que después de profundos estudios y maduro exa, -34 i r -i 6 1 realizado sus proyectos tomando lo mejor d é l a s naciones JÍTjjji H 1 más adelantadas, bien instruido, y dotado con todos los progresos del arte militar, resulta impotente contra un puñado de guerrilleros sin organización, sin ciencia, sin armamento y sin adelantos de ninguna especie, que sólo cuentan en su favor con lo que, en opinión de los sabios, importa menos en la guerra: el entusiasmo por la causa, el valor personal, el conocimiento del terreno, la entereza del carácter y el vigor físico. De todas estas cosas se han reído siempre los grandes militares modernos, asegurando que de nada sirven contra un ejército nume. roso que invade y conquista sin luchar, y que bien alimentado y bien surtido con todos los recursos que la ciencia realizó, confía el triunfo á una mecánica incontrarrestable, que con su poder y su fuerza logra reducir á la nada los esfuerzos humanos, y que basada en las matemáticas y en la física, tiene que producir indefectiblemente el resultado de 2 4- 3 6. LA CIENCIA EN LA GUERRA En las guerras modernas, la victoria corresponderá siempre al ejército que posea INSPECCIÓN DEL CAMPO mayor número de combatientes, mejor organización y suma más considerable de POR MEDIO DE GLOBOS CAUTIVOS adelantos guerreros. Contra una artillería que lanza sus proyectiles á distancia de algunos kilómetros, ¿de qué han de servir los fusiles manejados por los más hábiles tiradores? Y contra estos proyectiles, capaces de sembrar la destrucción y la muerte en un kilómetro á la redonda del sitio en que caen, ¿de qué han de servir las gruesas balas que se ven venir, y cuyo efecto se evita con sólo apartarse algunos pasos? Verdaderamente, parecería imposible la lucha entre dos ejércitos que no poseyeran los mismos medios de combate, si los hechos no hubiesen venido á demostrar que las ciencias fallan y los cálculos se estrellan ante razones que suelen escapar á la lógica más sólidamente cimentada. El ejército inglés, con sus magníficos cañones Maxim, última palabra de la artillería moderna; con sus proyeoti les de lyddita y sus balas dum- dum, de terribles efectos destructores; sus globos cautivos y sus grandes anteojos, que sin molestias y sin riesgos les permiten inspeccionar el terreno y conocer las posiciones y los movimientos del enemigo; con su telégrafo heliográfico, mediante el cual se ponen en comunicación por mucha que sea la distancia, y sin que los contrarios puedan impedirlo; con cuantos medios, en fin, ha podido idear la ciencia y el ingenio humano para destruir y profanar las leyes de la naturaleza, se ve vencido y dominado por un enemigo insignifl, i 1 1 1 C- A CIEKCIA EN CAMPAN TRANSMITIENDO UN PARTE cante, casi mvisible, que no opone á i su cieñe a y á toda 1 j, JÜÍ u 1 p o ¡i MEDIO DEL TELÉGRAFO H E T- I O G U Í F T C O