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ALONSO TOSTADO Hombre d e extraordinarias dotes intelectuales, Alonso Tostado, llamado también de Madrigal por ser este pueblo el de su nacimiento, era á los dieciocho años de edad filósofo, jurisconsulto y teólogo de tan sana doctrina y tan profundos y u n i v e r s a les conocimientos, que su nombre liabía adquirido considerable fama. A los veinticinco obtuvo el grado de maestro, y enseñaba las ciencias y artes que se conocían en aquella época, superando en ello á los más doctos, hasta tal punto, que según t e s t i m o n i o de Pulgar, nadie pudo igualarle en aquel siglo como filósofo, teólogo y astrónomo. Nombrado rector del colegio de San Bartolomé, en Salamanca, acreditó la energía de su cacáctor en e s t e hecho, que lo pinta mejor que la más extensa biografía: El Corregidor de Salamanca prendió á cierto estudiante que había dado escándalo, lo cual, sabido por Tostado, y alegando los fueros del colegio, pidió que le fuera e n t r e g a d o el estudiante p a r a juzgar su conducta é imponerle la o p o r t u n a corrección Negóse á ello el Corregidor, q u e gozaba de g r a n predicamento, y como viera que Tostado no transigía y temiera por su seguridad, invocó el apoyo del rey don J u a n 11, el cual dio dos cédulas en favor del Corregidor. T o s t a d o no obedeció sus órdenes, y llamado á la corte, fué amenazado por el Rey con que le sería cortada la cabeza si no se doblegaba ante sus designios. D. Alonso, con u n a entereza y u n a energía que dejó perplejo al monarca, le respondió: Disponer que la del cuerpo me sea cortada, sí podréis, pero no la del alma; y alto interés sacaré de mis trabajos si logro morir por dar favor á la razón y á la justicia. C o n t a l respues- ta venció la ira del Eey, q u e d i s p u s o q u e se cumpliera su voluntad, puesto que h o m b r e que de tal modo se expresaba no podía abogar por una injusticia. Envidiosos de su saber muchos otros doctores, f u é acusado de hereje y llamado por esta causa á la corte do Roma; y ante el Pontííl ce se defendió Tostado con elocuencia tal, que causó la admiración de cuantos le oyeron. El rey D. J u a n I I le nombró s u consejero, canciller mayor y abad de la iglesia Colegiata de Valladoiid, agraciándole posteriormente con la silla episcopal de Avila, que ocupó hasta su m u e r t e o c u r r i d a en 1455 en la ciudad de Bonilla, donde solía retirarse á proseguir sus estudios, y cuando acaba ba de cumplir cincuen ta y cinco años. Fueron t a n t a s y de tan inmenso valor las obras que compu- o, que p a r e c e imposible que pudiese estadiar tanto y tanto escribir, pues si por sus obras se deduce que p o s e í a todas las ciencias con tal perfección como si á cada una se hubiese dedicado en particular, por el número de volúmenes que dejó no se comprende que en su vida tuviera tiempo para escribir tanto, pues solamente el catál o g o razonado de sus obras, hecho por el doc tor Pontano, consta de dos gruesos volúmenes. De esta fecundidad sin ejemplo proviene la frase que se ha hecho célebre escribir más que el Tostado y que se aplica á todo aquél que trabaja en este sentido más de lo corriente. Fué sepultado en la catedral de Avila. Su sucesor fraj Ruiz. sobrino del cardenal Cisneros, e r i g i ó l e el s u n t u o s o mausoleo en que reposan sus cenizas, y del c u a l e s reproducción exacta el dibujo que publicamos. Este mausoleo, obra de habilísimo cincel, es una de las joyas más preciadas d é l a catedral de Avila.