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5 f -i -íf. j ti lif Á IRRUPCIÓN DE LOS BARBAROS I! i- avíos, hosi OP, nidos, desgreñiidot! cabalgando en indómitos corceles, descondíim del norte los guerreros buscando luz del sol y aire caliente. Como el turbión que arrasa las campiñas, corría, aullando, la salvaje hueste, talando bosques, incendiando pueblos, rompiendo muros y tronchando mieses. Temblaban A su paso y se rendían viejos y mozos, niños y mujeres; ¡todo lo avasallaba la impetuosa (iovastadora marcha del torrente! Pero era la invasión como el ingerto de savia nueva en el arbusto débil, aliento que una raza vigorosa, virgen y recia, varonil y fuerte, daba á otra raza ruin, degenerada, corrompida y anémica y enclenque, prestAudola otra sangre, otras ideas, vida á los cuerpos y á las alma. s temple. ¡t. ey de la humanidad! Cuando una parte, gastada por el vicio y los placeres se atroíia, se encanalla, se desvía de su camino y la energía pierde, otra parte más sana, de las brumas de las montañas y los mares viene, y aplicando á las úlceras el hierro, infiltra al mundo juventud perenne. Hoy se repite la invasión. Se hundían los pueblos viejos en sopor de muerte, podridos, decadeíites, estragados, sin fe y sin idea) sin Dios ni leyes; y allá de entre las nieblas, hombres nuevos con formidable estrépito descienden, y avanzan con sus máquinas de guerra, que el rayo copian y á las olas vencen. El venerando polvo de los siglos avenían al pasar; y dioses, liéroes y añejas tradiciones se derrumban entre los muros, que á su empuje ceden. Mas no traen estos bárbaros la savia que ha de salvar al árbol que se muero, porque, al domar ¡a tierra, del salvaje á los nobles impulsos no obedecen, ¡degan también sin ideal, hastiados por el refinamiento del deleite, y no se arriesgan al sangriento choque por el afán de gloria y de laureles. Xi á recibir las luces del progreso por un designio misterioso vienen, como venían antes, que esas luces ellos son los que ha tiempo las encienden. VA ansia del despojo los empuja, la insaciable codicia los impele, y hacer desean de la tierra toda mercado inmenso donde el oro reine. Los inefables goces del espíritu, que aun algo valen en las. razas débiles, rotos caerán como los viejos robles al rodar el alud por la vertiente. Porque el amor, la religión, la idea de la patria, el honor y los deberes, dan á la humanidad menos producto que una saca de especias que va y vuelvo. ¡Válganos Dios! Los bárbaros modernos cumplirán su misión, puesto que vencen; y según los filósofos, el mundo busca la perfección, y avanza siempre SiSESTo DELGADO