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é fH ¡rM J! í í; v 3 i; BACANAL La alegría se desborda por las calles de Roma. Jovenzuelas procaces y esclavos ebrios recorren las principales vías, atronando el espacio con sus gritos y canciones en loor de Baco. Las severas patricias ven pasar sonrientes el torpe coro, y los graves senadores contemplan con envidia á los embriagados mozalbetes, que pueden resistir sin fatiga tan brutales placeres. A veces la multitud se arremolina al pie de la estatua de algún glorioso César, y tal de los esclavos, vencido por la borrachera, cae al suelo. Guando la bacanal prosigue su camino, el César desde su pedestal, y el esclavo en el fango de la calle, resumen los destinos del Imperio. En nuestros Carnavales degenerados, mucho menos estruendosos que aquellas bacanales, el César ha desaparecido; sólo el ebrio queda. BAJORELIEVE DE COUl. I. AUT