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Al c o n t e m p l a r á la augusta esposa de Humberto I, nadie diría que cuenta cuarenta y nueve años. Su semblante, de correctas facciones 3 d u l c e expresión, conserva l a frescura de la j u v e n t u d y su cuerpo, que fué prototipo de gallardía y esbeltez, n o h a perdido con el transcurso del tiempo la elegancia de las líneas y los contornos. Desde que contrajo matrimonio con el actual rey de Italia, entonces príncipe heredero (en 1868) los deberes de esposa y de m a d r e absorbieron toda su atención y todo su cuidado, y á ellos estuvo consagrada en absoluto. Elevado al trono de Italia el p r í n c i p e Humberto por m u e r t e del r e y Víctor Manuel, loa d e b e r e s de reina obligaron á Margarita á figurar en las ceremonias de la corte; pero poco aficionada al fausto y á la exhibición, sólo concurría á aquellos actos oficiales en que era indispensable su presencia. No exigiendo la edad de sus liijo el asiduo cuidado de los primeros años, pudo consagrar algún tiempo á la músi ca. su afición favorita, y organizó conciertos íntimos, á los que sólo asistían las personas de su afecto y de su confianza. Marchetti, el celebrado autor del Bwy Blns, su maestro de cámara, y algún que otro artista de indudable reputación, s o l í a n amenizar estas veladas familiares, que constituían el mayor encanto de la vida de Su Majestad. Desde hace muchos años, puede decirse que estos conciertos son las únicas fiestas á que asiste la reina, si se exceptúan las dos recepciones anuales que exige la eti queta palatina y alguna otra á la que, por su carácter especial, no puede esquivari- e (le asistir. V. n desacuerdo c o n e s t a afición, que demue. tra la tein) lanza de su carácter, está la otra que se lo conoce, más propia de un espíritu inquieto que de u n temperamento tranquilo y sosegado. L a reina es una furibunda al n. I n. luga 7 Mt pinitta, y son muy frecuentes las excursiones que organiza, prefiriendo el Alto Piamonte para sus campañas. La casa del barón Peccoz suele ser el punto de residencia de Su Majestad en estas ocasiones; p e r o e n l a actualidad está construyendo u n a villa, en la que piensa pasar algunas temporadas. Algunos espíritus suspicaces aseguran que la afición no es el único móvil que impulsa á la reina á emprender estas f r e c u e n t e s excursiones por los Alpes, y hasta se atreven á insinuar que la causa n o es otra que el temor de engordar demasiado si no se consagra á un ejercicio activo que lo evite. Para estas excursiones. Su Majestad usa u n traje compuesto de blusa sujeta á la cintura por una correa, falda corta, b o t a s con cuchilla y p u n t a de hierro, como las que se emplean para andar por el hielo, y polainas. Un sombrerito que tiene la forma de los que usan los regimientos alpinos, adornado con una pluma, completan el traje. Los gustos de la reina son muy sencillos, como lo prueba el hecho de ocupar u n palc o d e l público y n o el real cuando asiste á los conciertos y á las representaciones de la ópera, y el s a l i r constantemente á pie en compañía de una de sus damas y recorrer la población como u n a burguesa. Decidida protectora de los artistas, no se desdeña en visitar sus talleres y estudios para admirar las obras notables y otorgarles la recompensa de su elogio ó de su adquisición, según los casos. El pueblo quiere á la soberana, que prodiga su caridad y sus mercedes, y cuando sale acompañada de su esposo, es d e n o t a r el contraste que ofrece el rostro severo, casi feroz, del soberano, al que presta un aspecto marcial el grueso bigote, con el pacífico y angelical semblante de la reina, cuya sonrisa tiene fama de ser la más dulce de Italia. E. CONTBERAS