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6.0 Gran tanda de baile por el sexteto. Kn el interineiiio, la dependencia del comercio de sedas La Góndola Azul r e g a l a r á n las señoras encajes y pnntillas. Las señoras que prefieran ir de puntillas, pueden marcharse cuando gusten. 7.0 Se celebrarán dos grandes concursos, concediéndose un primer premio á la pareja que no regañe durante toda la noche, y un segando á la que no regañe más que ina vez; de este modo la junta del baile se propone evitar las llamadas broncas de sociedad. 8.o Gran tanda de baile y última de la noche. Sin embargo, los que gusten seguir bailando, pueden entenderse con el sexteto por un precio módico, para lo que regirá la misma tarifa que la de bodas y entierros. VA salón estará profusamente alumbrado, y en el ambigú habrá todo lo que pidan y qviieran servir del café más próximo. Se recomienda ante todo el aseo, para evitar el qué dirán. Andresito Corvino fué, desde la publicación del programa, el hombre más solicitado. ¡Ks imposiblel ¡es imposible! se decía; no sé, no sé cómo voy á cumplir con tanto compromiso como tengo. Y Andresito, turbado, distraído con el reparto de invitaciones, no daba pie con bola ni hacía nada á dereclias en la tienda de su principal; vendía inas cosas por otras, y muchas veces se quedaba con las vueltas, y hasta daba duros sevillanos por madrileños; y todo por el dichoso baile. Pero, en cambio, llegó el domingo, y qué triunfo el de Andresito. Cuando el salón estuvo lleno, y las parejas, al compás de la melosa habanera, se entregaban al baile, Andresito no se hubiera cambiado por el autor de los mejores presupuestos. En el baile estaba la flor y nata de las chicas del barrio y lo mejorcito del sexo feo; todas las muchachas so disputaban el honor de bailar con éJ, con aquel adorable organizador de la fiesta, con Corvino, que ya no tenía fuerzas ni piernas; pero su voluntad indomable y su natural amoroso le hicieron entregarse al torbellino del vals, lanzándose sobre la alfombra de tres dedos con más agilidad que un peón. Al íinal del baile, sugestionados, subyugados los socios ante la maravillosa realización de lo que Corvino había soñado, le cogieron en hombros, lo subieron encima del mostrador del guardarropa, y sobre él llovieron confettis y serpentinas, y hasta prendas do vestir, como suprema coronación. Pues para que se vea lo que son las cosas: Corvino estuvo dos días malo de la emoción. ¡Y es que la gloria siempre es aplastante! foRGK F L O R i n O R I; x. A H- il