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y El escanniento ha sido terril) Ie; juzguen ustedes de a sorpresa, de la emoción que habrá cansado aquí el conocimiento exacto de los hechos. Aún de noche, los batallones ingleses comenzaron á escalar la I ite, que se perdía entre las nubes. Con si iilo, I. precaución de fieras, trepaban, ayudándose de matorrales y los peñascos, ojo avizor, fusil pre lido. Al cabo de penosa marcha, llegan los primeros grupos á la cumbre, eu la que reina el silencio más absoluto Va á ser sorpren dido el campamento de los boers y aprisionados sus soldados. Cuando hay arril) a número suficiente, comienzan á avanzar entre la sombra U n a ligera claridad en el cielo dibuja la silueta de un centinela. ¿Quién vive? se oye exclamar á una voz que rompe el silencio. -i Waterlóo! responde otra voz. Y los soldados de Su ¡raciosa Majestad avanzan sobre el enemigo y lo asesinan á bayonetazos. ¡Soberbia h a z a ñ a! T o d a la guarnición del monte era aquel soldado, que supo morir ante un ejército, sin intentar rendirse, sin pensar en pedir clemencia. Poco después Inglaterra estaba victoriosa sobre la umbre de Spyon- Kop; pero desde los montes inmediatos los boers vengaban cruelmente la muerte de su centinela. l- l L i RETIRADA DE SPVOK KOP fuego de sns fusiles y de sus añones caía sobre la cima de Spyon- Kop, y los proyectiles hacían rodar por docenas á los soldados, y las granadas, estallando entre las filas, sembraban la muerte y el terror. Durante muchas horas resistieron las tropas inglesas aquella acometida furiosa cine los diezmaba como fuego del cielo, pero los cadáveres y los her- idos, que no cabían ya en la meseta, rodaban por el monte, cubriéndolo; la luz, que había iluminado tanto desastre, se extinguía, y las tropas comenzarori á retroceder í os boers recuperaron á Spyon- Kop; sobre la meseta, cubierta de cadáveres, se descubrieron aquellos bravos, y al atronailor estampido de sus a, ñones y sus fusiles humeantes, sucedió la imponente melodía ile un himno religioso con que los vencedores daban gracias á Dios por la victoria. VA el silencio de la noche, aquella cántica ferviente parecía subir derecha al cielo, tachonado de estrellas Mientras tanto las tropas inglesas, diezmadas por el terrible fuego de sus enemigos y angustiadas por la terrible impresión de la derrota, retrocedían á ampararse en sus primeras posiciones, de donde habían salido llenas de confianza y ardimiento para el ataque de Spyon- Kop. Y los cánticos religiosos de los boers eran la marcha fúnebre de sus malogradas esperanzas! FRITZ REITCUEL ISGI. ESES SOBl BrXDIDOS EK LA COSSTEVCCIOX DE X NA THISCiriCRA