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Saliendo de Madrid, Museo arriba, como dioe un amigo mío, y metiéndose por los altos del Retiro, creeríase estar en un bosque de Extremadura. En estos días, sobre todo, la animación es extraordinaria Y no se trata de la animación mimd in i, que consiste en una larga fila de coclips, en los que pasean, encerrados entre cristales, los de costumbre... no; la animación á que me reíiero es campestre, agrícola (de álgiín modo lie de llamarla) entre madrileña y aragonesa. Son los podadoresl Todos de mi tierra. Todos llamados y escogidos para cortarles el pelo y la barba á los árboles, que dentro- de dos meses se engalanarán con verdes hojas, y en las frescas mañanicas de Abril y Mayo darán sombra á los grupos de niños y á las parejas de enamorados. Entonces será la época de los amores; ahora es el tiempo de la poda, que sólo saben) bien mis paisanos. Ahí están con sus calzones cortos, s u s medias blancas y sus fajas moradas. Trepan como las ardi- lias ó los esquiroles á las copas de los altos álamos, calzados los pies con unos garfios de hierro que les permiten llegar hasta la m á x i m a altura. U n a vez allí, cortan con sus enormes tijeras las ramas inútiles, que caen al suelo formando erizada alfombra de verdura. Abajo está el carro esperando las brazadas de hojarasca, y en grupos de alegres compañeros se hace el almuerzo á la lumbre de la hoguera improvisada con las mismas ramas desprendidas... En lo alto del árbol canta el membrudo hijo de Jaca: De: de que ti conociiJo padce que tengo, Melchora, metida drento del pecho cú ia, cufia, una vivora y abajo, meneando el arroz humeante con una cuchara de palo, responde, ó hace como que responde, el achaparrado h i j o d e Ateca: I Siete años de relíiciones y ya quiés que mos casemos! 1 No me seas ceñgente, que estas cosas requíén tiempo I KN L C 1 M. V DKL AiiBOL Aragoneses en masa en medio del Retiro I Esto no lo sabían los madrileños, y, sin embargo, ocurre todos los años. En esta época y tiempo