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-r- iiiK nw mm Dos buticarios de BaUleconejos, (lugar ijuo de Jladrid no está muy loj (l llamado ti uno Serafín Peñuela y el otro líonifac- io Sanguijuela, tal raljiu t e ti uian, que á c- ada pa o con furor reñían. C ¿uo por la plaza el uno paseaba y el otro casualmente allí se hallaba Ya se sabía, sin mediar razones, ambos enarbolaban li s bastones, y con tanta iracundia se zurraban, que nunca lo dejaban hasta cpie alguno de los combatientes roja sangre á torrentes de su cuerpo vertía, en cuyo caso, para el otro día la pendencia aplazaban, muy gustosos, según cuentan curiosos, que pasaban el rato felizmente viendo romperse el alma á aquella gcnto. ¿Y por qué el uno al otro se tenía tan atroz y obstinada antipatía? Bien claro está: los dos en el oficio se causaban reciproco perjuicio, en razón á iiue el pueblo ya nombrado era de vecindario limitado, y en caso de dolencia ó de desgracia, sobraba, de las dos, una farmacia. ¡Ya h e discurrido un plan, dijo reñuela, para perjudicar a Sanguijuela! ¡Juro qtie he de llevarlo hasta su fin, lo mismo que me llamo Serafín Las medicinas que él vende á setenta yo las expenderé sólo por treinta, ó por veinte, ó por diez, si es que me apuní y así tendré parroquia más segura. ¿Quí puede suceder? ¿que nadie sane? qué me iuiporta á n i, con tal que gane? polo Bonifacio, y muy sereno, 1 que esto le alterase, dijo: Bueno; i mías venderé tan arregladas, e vengan á ser casi regaladas, ue el enfermo se muere? Pues, i. acienci. -i; íares son de toda competencia! esde entonces ambos farmacéuticos idan los principios terapéuticos, acen las medicinas mismo que si fueran golosinas; poco de jarabe e al paladar lo esté dulce y suave, mendra machacada: esto propinan á la embarazada, como al que sufre ardiente calentura; daño no hará, pero tampoco cura. Ksto oyó un sabio, y con profundo acento, mirando al firmamento e clamó: ¡Pobre pueblo; esto es horrible: Ui mortandad allí será terrible 1 ¡Pues no señor! Y en esto contradigo al sabio, y pongo á Dios como testigo; porque me consta que en Baldeconejos, todos llegan á viejos. Kn virtud de lo cual, aquella gente p; de al Señor con devoción fervienio que, si (juiere alargarle la existenci. i, no termine jamás la competencia entre el uno y el otro boticario; único medio do que el vecindario (que toma para alivio de sus males medicinas que nunca fueron tales) goce en la vida de completo bien más años que gozó Matusalén. TOM- XS BUCKÍ. O