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KKI 30 R. iL DHAMA EN CüATliO ACTOS Y EN TROSA, DE VICTORIANO SARDOIT, VERSIÓN ESPAÑOLA DE LOS SRBS. FRANCOS RODRÍGUEZ Y GONZÁLEZ LLANA F. STÜKXADO EN EL TEATRO DE I, A COMEDLV EL 10 DEL CORllIEXTB Fcdora es u n a do las obras de Sardotí más conocidas de n u e s t r o público por haberla representado varias veces en sus tournées por España la cmperalriz del gesto, Sarah Bernliardt; la reina del sentimiento, Eleonora Dase, y la princesa del buen gnsto, Teresa IMariani. Al acometPr Francos COXCEPCION SÜARRZ EN FEnOKA aventura encontró tan vigorosos acentos, que todo el público, conmovido, entusiasta, hizo al primer actor del teatro de la Comedia u n a ovación. Seguramente, muy pocas veces habrá tenido el papel do conde Loris Ipanoff intérprete t a n a d m i r a b l e y apasionado. Donato Jiménez estuvo, como siempre, muy bien en su papel, y los demás actores contribuyeron al mejor conjunto de la obra, que, admirablemente puesta y ensayada, proporcionó otro triunfo como director á límilio Thuillier. La representación de la obra interesó como de costumbre. Conocida es la habilidad de Sardón en la preparación de efectos y resortes dramáticos; así que tanto en el acto primero, donde el misterio empieza con la muerte del conde Wladimiro, como en el tercero, en el dúo de amor de Fedora y el conde Loris, no decae un momento la tensión dramática. Fedora, como la mayor parte de las obras de Sardou, está hecha para u n figurín especial: para el temperamento artístico de Sarali Bernhardt. Aquellos contrastes y desequilibrios del carácter de la princesa son hechos á la medida de la gran trágica, y en ésta, como en otras obras del autor de CONCEPCIÓN SUAIiKZ EN EL ACTO SEGUNDO y Llana la tarea de traducir Fcdora al oaste- llano, no tenían que luchar con el problema de lo desronocido, con la inqnietnd de un verdadero estreno: así que su éxito de traductores podía darse de a n t e m a n o como cosa segnra. La noche del estreno do la versión española de Fcdora el interés por parte del público estaba en algo más, estaba en Rosario Pino. Había mucha curiosidad por ver si l a n o t a b l o actriz del teatro do la Comedia sería t a m b i é n en Fcdora emperatriz del (resto ú otra jerarquía por el estilo, y h a y que confesar que si Bosario Pino no es todavía testa coronada, puede aprovechar cualquier día un movimiento revolucionario y dar un brillante golpe de Estado. Es empresa difícil, temeraria, pero plausible por el esfuerzo y la voluntad que supone, la de lanzarse desde las tranquilas y apacibles llanui as en un vuelo á las alturas de las águilas; para ello se necesita tiempo, ambiente, preparación debida, por lo que, teESCENA FINAL. -CONDE LORLS (Sr. Thuülier) ¡Fcdora mía! Mucría! niendo en cuenta estas circunstancias, es mucho mayor el triunfo de Rosario Pino eu Fedora. Supo sentir aquel carácter de la princesa tan complejo, le dio todo el calor de su sangre de artista, y en el acto tercero, sobre todo, dijo frases tan apasionadas y tan vehemonte. s, que prueban cuánto puso Rosario Pino para la mejor encarnación de la princesa Fedora. Vistió la obra sin omitir sacrificio alguno, luciendo cuatro preciosos trajes: en el primer acto uno de tabinete blanco con bordados y un abrigo de color verde Niío, forrado con magníñca piel chinchilla y cuello de encajes finísimos; en el segundo un traje de gro negro con gasas sifón bordado en acero, y en los dos líltimos dos riquísimas batas de seda plisada con profusión de encajes de Bruselas. Además lució artísticas joyas. Concha Suárez, en su papel do condesa, ganó muchos aplausos, avalorando su artística figura un precioso traje de gro blanco y gasas con flores pintadas que lució en el acto segundo. P a r a Thuillier fué la de la representación de Fedora una noche que no olvidará en mucho tiempo. E n el acto tercero y en la escena con Fedora en la relación de su trágica Divor ¡ons se ve desde el primer momento lo que pudiéramos llamar el calco, buscando siempre en la colaboración del artista la mayor fuerza. Los restantes caracteres resultan abocetados por eso, para que el cómico con su talento, con su inspiración, acabe de encajar la figura, y al mismo tiempo tenga ésta horizonte bastante donde desenvolverse con amplitud. Otra de las razones por las que Sardou es, sin disputa, el autor más traducido, es, como m u y atinada mente dice un crítico, porque h a conseguido como nadie elegantizar el melodrama, y ésta es seguramen te la manifestación teatral que cuenta con más entusiastas partidarios, no sólo en España, sino en todo ei mundo. Por esa razón, como apunté al principio do esta revista, el público se interesó desde los primeros momentos, siguiendo con ansiedad las peripecias de la obra. Francos y Llana merecieron también muchos aplausos por la esmerada traducción de Fcdora. -J j LUÍS CTABALDÓJ? ROSARIO PINO EN LOS ACTOS I Y II Fotografías SSSfc, V- ROSABIO PINO EN LOS ACTOS I l t 1 I