Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Sin ííruoargo, jiaru ol (jne sufre insonuiu) li causa (le! a to. -r, el tintineo de los collares que anuncia la llegada de la medicina, s un consuelo. Kl vaso de leclie caliente mitiga los ardores del pecho y produce grata soñolencia. l) ei en, pues, ¡lerdonar los sanos esa ¡nterrui) ción en su plácid. ü reposo en gra ia á ios enfermos, cae únicamente jjueden descansar por virtud de la medicina. l il cuidado, la limpieza de la capital, exige ipie lo. s empleados de la Villa (pie eslán consagntdos á este importante asunto madruguen tanto como los albañiles y las l) urras (ie leclie. Antes de comenzar la eiríailación de earrua. jes deben estar las calles lim ias; y ya sea cou la barredera mecánica, que ensucia más que l arre, v sobite (aiyo pescante batalla con el sueño el encargado de guiarla, ya sea con la vulgar escoba del tiempo de nuestros abuelos, movida por el Ijrazc. vigoroso del barreiulero, sin más ayuda que la del chico de la carretilla que recoge la basura en la pala para depositarla en el carretón y seguir detrás de su jefe, queda hecho el servicio, que un momento degpu. és anulan por tiompleto las exiseiicias lie una circilación intinna. S i ie i t (i lie I i lnii iuv i le Madrid bien podríamos hacer algtinas consideraciones relacionadas con a higiene i) iiblica, ya que hablar del decoro sería intítil, puesto que en la capital de l sjiaña parece esto artíctdo de lujo. hos barrios extremos de Madrid en los días lluviosos están intransitables; la limpieza no se ejerce en ellos, porque aquí no se conoce más sistema ipie el de la escoba, que no sirvo para quitar el barro, y el transeúnte se mancha de lodo cuando tiene que cruzar do una acera á otra. Sobre esta consideraídón podemos adticár otras de más peso: la irincipal de ellas es que estos barrizales constituyen peli. t rosos focos de infec i n, que no tarilan en producir los fatales resultados á que debe achacarse ur. u porí- ión no escasa di; las enfermeliades y aiui de la mortandad madrileña. Aun en los días en que la lluvia no viene á one! de manifiesto el descuido en que la municipalidad deja á Madrid, los barrios de referencia debían preocaipar un poco nuls á los concejales. VA polvo, que á la menor ráfaga de aire liace irrespirable la atmósfera, es tan molesto como el barro y perjndi -a tanto á la salud como las citadas euuinaciones antanosas. Pero sigamos nuestra excursión, puesto que ya sabemos el resultado que se deriva de predicar en desierto. Pronto han de comenzar á salir otros madrugadores, y es preciso que ese ramo especial del comercio ambulante ideado para fingir ae atiende y satisface las necesi lades del pobre, esté prevenido. Kl puesto de café e onómieo y el de buñuelos y aguardiente son las primeras manifestaciones de la industria que se echa uno á la cara. Kn torno del primero los cocheros, los mozos de cuerda, los del Orden y algún gúlffl que otro, que molestado en su sueño sobre el escalóti de un portal por los encargados do la limpieza, va á hacerse la ilusión de que se calienta junto al hornillo que sostiene la cafetera humeante, son los asi (hios contertulios. Mientras se moja el pan en el brevaje hecho con los posos ya recocidos délos cafés, se habla de política y se arregla el país. Y con algunos tipos más, que sirven al cuadro de liguras de? corativas, transcurre el tiempo necesario para que aparezcan en escena los de la hora siguiente, que ya están prevenidos. K. COXTRKRAS Y CAIMARGO Fotníjrnfian A. e: i; ¡0