Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
tw SlIf: B E n mi vida, ya larga, h e tropezado con u n ser como Antonio, barbero acreditado, más listo que el mismísimo demonio. Tan pronto simplifica á su manera la larga cabellera de u n joven ó de un viejo, como vendo á cualquiera dos kilos de tomates ó u n conejo. Tiene en la barbería una consola de las más baratas, un espejo sin luna y un sillón, que si tuvo cuatro patas, hoy no tiene ninguna. Kn torno do la mesa y del sillón tiene Antonio instalado un bazar que aventaja al de la Unión, pues debo hacer constar que el condenado es maestro albañil de cuerpo entero cuando le da la gana. Tijeras y alcotana usa con tal destreza, que no hay día que el hombro no se aplique, y tan pronto derriba una cabeza como deja sin pelos u n tabique. Un día (liará tres años en Febrero) pasaba yo por casa del barbero; me estorbaban los pelos de la cara y entré á que me afeitara. ¡Y cuál, lector, mi asombro no sería cuando vi que el gachó, con mano inquieta, me quería afeitar con la piqueta, y delante del cuello me ponía la bandurria on lugar d e la vacía. í i J, 0 además de barbero os traficante en corchetes, cazuelas, ligas, papel secante, candiles, alpargatas y ciruelas. Tiene sobre la mesa, que es de pino, una fila de botes de pomada que tuvieron harina lacteada; un tarro con aceite de ricino y unos frascos de quina de la fina, y otras aguas más malas que la quina, y una barra de olor despan panaute llena de humor herpético, á la cual se da el nombre de cosmétii o tal vez porque fué Cosme el fabricante. Ks también bandurrista acreditado, y siempre que un vecino tiene murria, va el barbero escapado y le toca al vecino la bandurria. A más de comerciante y de barbero, y después, empuñando las navajas, me abría en los carrillos hondas rajas! Ibale yo á pegar, dado al demonio, pero me dijo Antonio, pidiéndome sumiso mil perdones: Dispense usted, don Juan, mis distracciones y mi pulso agitado, y en cuenta tenga usted, que es bondadoso, (jue anoche me h e casado y hoy estoy todavía muy nervioso. Al marcharme le dije: ¿Por qué, amigo, no va usted á INIadrid y se establece? -Porque yo soy más listo que parece (respondióme) y abrigo la segura creencia de que aquí soy, don Juan, una eminencia, mientras que allá en iMadrid sólo sería una iiiciiimiKriii. Me dejó convencido; le pagué, aunque el pagar es cosa fea, y desdo el día aquél, lector querido, nunca doy al olvido al famoso barbero de mi aldea. JUAN P J Í K E Z ZÚSlGA