Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Ya les costó trabajo dar con el titulito á los individuos que se habían separado de La Propia Escolar para formar una nueva estudiantina. Para llegar á La Lira de Oro tuvieron que atravesar veinte ó treinta títulos y cuatro ó cinco frascos de vino. Pensaron en La Infatigable, pero decía poco; en La Prerrafaélista después; en La Iconoclasta luego, y así sucesivamente, hasta que Oachaneja, el panderetólogo que tenían los de La Propia Escolar, que para eso de los títulos era mano de santo, dijo que ya había dado con él. ¡La Lira de Oro! ¿Podía encontrarse nada más delicado, ni más poético, ni más sugestivo? Menudo divieso le había salido á La Propia Escolar con la flamante y nueva estudiantina I Se acordó por unanimidad, y Cachaneja fué nombrado director de estudios de La Lira de Oro. Como el Carnaval se acercaba, era necesario aprovechar el tiempo; así que Cachaneja empezó con verdadero ahinco los ensayos de las piezas que la estudiantina había de aprender. Como Víctor, el flauta de la comparsa, tenía una sala muy capaz, en casa de Víctor comenzaron los ensayos, que Cachaneja dirigía con una escrupulosidad y un aseo sorprendentes, siendo tan rígido en la admisión de profesores, que á un colonial de la esquina que quería formar parte de La Lira como clarinete, lo desechó porque su principal no le dejaba tocar más que de diez á una, y él necesitaba un clarinete trasnochador, porque Cachaneja se había propuesto que cuando La Lira de Oro saliera á la calle la confundieran con la Sociedad de Cuartetos, y todo el tiempo era poco para que las cosas salieran á su gusto. Al principio se trató de que hubiera voces; pero se tuvo en cuenta que el concierto podía degenerar en escándalo, y se acordó que fuera instrumental; así que si luego había voces, Cachaneja no tenía la culpa. Como piezas de fuerza aprendieron los de La Lira de Oro el preludio de El anillo de hierro para por las tardes, y La Marcha de las antorchas desde que anocheciera. Trataron de atreverse con el Guillermo; pero no teniendo cuerda bastante, Cachaneja se dedicó á las obras de viento, porque como él decía, la cuerda en la calle no sirve más que para tropezar. Con los clásicos alternaron las piezas de moda; y cuando ya La Lira de Oro contaba con un repertorio suficiente, se lanzó por las calles abierta y en columna de honor, la capa terciada, el sombrero inclinado graciosamente, como diciendo; ¡Míreme usted, que soy de La Lira. i, y Cachaneja al frente dirigiendo con un periódico enrollado. Pero La Lira de Oro, como toda sociedad naciente, necesitaba del bautismo de la publicidad, y una noche, después de haber dado serenata á los socios protectores, fueron á los periódicos de mayor circulación, para que después de oirles, la prensa dijera al día siguiente: Ayer tuvimos el gusto de ser visitados por la nueva comparsa La Lira de Oro, que llamará justamente la atención estos Carnavales. Después de tocar maravillosamente algunas piezas musicales, su director Sr. Cachaneja, que es un panderetólogo de primer orden, hizo maravillas con la pandereta, hasta el punto de que podemos afirmar que, hoy por hoy, no hay nadie capaz de zumbarle la pandereta al Sr. Cachaneja. Al día siguiente la emoción de los individuos de La Lira fué inmensa al verse en letras de molde, muy especialmente Cachaneja, que compró media docena de ejemplares y los guardó como oro en paño. Por la noche volvieron á algunos periódicos, pero con tan ir. ala suerte, que en uno de ellos se encontraron con los de La Propia Escolar, y allí se desafinaron los instrumentos; hubo puños como mientes y palabras de doble sentido, viniendo á las manos unos y otros, con tan adversa fortuna, que el pobre Cachaneja salió muy mal parado del lance, á pesar de decir los periódicos que hoy por hoy, nadie le zumbaba la pandereta. Luig GABALDÓÍÍ D I B U J O S DE XAUDARÓ