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(le la Asociación do la Prensa un primoroso estudio acerca de los cantares de la Jota, estudio que fué aplaudidísimo y valió á nuestro compañero los plácemes de las personalidades literarias de más relieve que liay en Madrid, y calurosos elogios de la prensa. Terminada con aprovechamiento su earrera de abogado, fué nombrado oficial primero del Gobierno ciyil do l urgos, destino que renunció generosamente el año 9; i para entrar en la Redacción de BIJANCO Y NEGRO, estando á nuestro lado desde aquel momento, hasta que hoy la muerte nos priva de su poderoso coiicurso y de su feliü iniciativa. Itoyo y Villauova era uno do los fundadores del semanario satírico Gadc n, y sus trabajos en él contribu x ron de uu modo poderoso al éxito de esa publicación, que por su índole entraña tantas dificultades. Xuestro inolvidable amigo contra. jo matrimonio hace tres años, y fué venturosísimo en su hogar, donde todo le sonreía, y que acaba de cerrar bruscamente la muerte. ¡Haga Dios que la virtuosa viuda de nuestro compañero, que supo rodear á éste de tantas felicidades, encuentro hoy en los consuelos le la religión el lenitivo que reclaman sus grandes p e n a s! I. -4. HED. CC 1 ÚN 1 L 1 4,I jtJK ÍN MEMORIAM ¡Pobre Luis Royo; pobre amigo mío! ¡Qué rápida y qué fatalmente se han cumplido sus aprensiones! Nos reíamos de ellas, siendo él quien primero acudía al chiste para encubrir la preocupación del ánimo; pero nuestras risas se han convertido bien pronto en lágrimas. Las suyas no brotarán ya en u n a boca cerrada par- a siempre. Aún me parece verle entrar con sti paso menudito en la espléndida Redacción de BLASCO Y NEGRO Ó en otra humilde Redacción donde unos pocos amigos hemos reunido unos pocos muebles para burlarnos un poco de la vida. ¿Qué es eso, Luis? ¿qué pasa? ¿Y ese estómago? Hay que ir á Zaragoza á curarlo. Zaragoza, su ciudad natal, era su sueño eterno. ¡En ella lo duerme al fin! Vivía en Madrid como viven aquí casi todos los zaragozanos: con el billete para Zaragoza metido en el bolsillo. Si el inmenso cariño que Luis Royo profesaba á BL. 4 XCO Y N E G R O no le hubiese sujetado imperiosamente á la corte, mi pobre amigo liabría ya hace tiempo trasladado su hogar á aquella ciudad heroica que hoy rescata por fin á su hijo, pero cuando ya de los labios de éste no puede salir la dulcísima pala b r a de ¡madre! ¿A Zaragoza? -decía Royo tirándose nerviosamente del bigote, síntoma en él de gran preocupación. ¡Ya lo creo; allí se me curaba todo! -Y en sus ojos de miope relampagueaba una mirada con la basílica del Pilar, La Seo, el P u e n t e Nuevo, el Coso, sus amigos de la infancia, sus compañeros de la prensa aragonesa, las guitarras de una rondalla, los personajes de un cuento baturro ¡La rondalla! El pobre Roj O era entusiasta de la música: de la música sabia y de la música popular; desde l eethoven al Chico de la Jota. Español como saben serlo los aragoneses, defendía contra todos nosotros á los compositores de zarzuelas, y hasta había tomado á W a g n e r cierta ojeriza por haber nacido alemán y no en las orillas del Ebro, ó por lo menos del Tajo. Y no se crea á pesar de esto que Royo como düettanti era partidario de la melodía fácil; todo lo contrario: su oído musical estaba tan especialmente organizado p a r a sorprender los secretos armónicos, que lo primero que Royo aprendía, aun de las óperas wagnerianas, eran los acompañamientos, ó mejor dicho, los motivos de la orquesta. Tratándose de la música popular, le sucedía lo propio: empezaba una jota con el cantador y la concluía indefectiblemente con los gtiitarros. Escribiendo, todo era fácil en él, menos que entendiesen su letra los cajistas. Hacía una letra menuda, tan m e n u d a como sus pasos, y ¿cómo lo diré yo? viva, tan viva, que parecía que saltaba en las cuartillas. Estas salían de su mano, no con los trazos de la escritura, sino con el chisporroteo del ingenio. El que conseguía descifrar aquellos signos microscópicos, se reía con toda el alma. Y en ese pobre amigo mío había u n gran literato, si no inactivo, acobardado por un gran periodista. La actualidad era la obsesión de Royo, esa actualidad que á los que valen y á los que no valemos nos arrebata horas de estudio y horas de tranquilidad y de descanso para la creación de lo que h a de vivir ó debe de vivir más que un día. E público, ese niño grande, pide siempre la actu- alidad, y nosotros, p o r complacerle, se la servimos, sin recordar que por los periodistas dijo especialmente aquel gran maestro de verdades Tomás ICempis: ¡Todas las cosas pasan, y tú con ellas! Cuando Roj O lograba sustraerse al imperio tiránico de la actualidad, escribía cuentos tan admirables como el titulado Panem et circenses y otros meritísimos trabajos que honraron las páginas de BLANCO Y NBaRO. Y ahora, pobre amigo mío, ¿cuál es para t i la actualidad? Esa que nunca acaba, que no termina nunca. La actualidad de las almas como la tuya candorosas y buenas: mucha muy viva luz, armonías superiores á las que tú adivinabas en este mundo, y Dios sonriendo á tu adoración como un padre á la caricia de un hijo. Tu cuerpo en Zaragoza, tu alma en el cielo. ¡Todo lo has logrado! JOSÉ D E ROL RE