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futuro! Recordamos su voz; vemos, con sólo cerrar los párpados, su rostro, su gesto, su actitud, todo vivo, real j presente; pero al abrir otra vez los ojos, cuanto veíamos ha desaparecido; nuestro compañero queridísimo no existe; su sitio está vacío; aquello que vimos fué, no es ya, no lo volverá á ser nunca ¡Y por qué hemos de callar que las lágrimas reemplazan en nuestros ojos á la imagen tan pronto evocada como desaparecida! Todos los periódicos madrileños y muchísimos colegas de provincias han dedicado á nuestro pobre amigo frases de elogio, tributos de simpatía, atestiguando que con él se pierde uno de los ingenios más cultos, más fáciles más bi illantes de cuantos sumaba la juventud actual en provecho de las letras patrias. Agradecemos (ie todo corazón á nuestros colegas esos justos elogios y esas sentidas frases de condolencia, y séanos permitílio añadir, que aun significando mucho lo que pierden las letras con la muerte del brillante escritor, más es lo que perdemos sus amigos y sus compañeros con la ausencia de aquella alma buena y generosa, tan dispuesta siempre al bien, tan inclinado al cariño, que hacía del rasgo ingenioso, no arma quo hiriera ó mortificase, sino apelación á la concordia ó fundamento de amistades nuevas. Royo y A illanova no deja un solo enemigo; corta ha sido su vida, pero aunque Dios la hubiera prolongado todo lo que pidiese nuestro deseo, el brillante escritor, el cariñoso compañero cuya rápida ausencia lloramos, habría muerto, como ha sabido morir, sin dejar rencores, odios ni enemistades. La bondad de su espíritu hacía mejores á los buenos y desarmaba á los mal intencionados. ¡Qne Dios haya acogido en su seno al que tanto trabajó y logró fama justa sin buscarla; al que fué tan pró- Foiog. Fratisen EN su DESPACHO DE BLAKCO Y NEGEO digo de su afecto y consiguió, deseándolas, tantas y tan firmes amistades! En la Redacción de BL. ÍKOO Y ICEGRO jamás se borrará su memoria. Xuestro malogrado compañero nació en Zaragoza el año 67, contando, por lo tanto, cuando ha fallecido treinta y tres años. Cursó con aplicación extraordinaria la carrera de Derecho en la Universidad de Zaragoza, alternando sus ocios de estudiante con sus primeros trabajos literarios, comenzando á escribir en La Derecha, de Zaragoza, y en un semanario titulado El Cocinero, donde al mismo tiempo hizo algunas caricaturas, de cuyo empeño desistió, viendo que no era ésta su vocación más firme. Sus primeras crónicas, que luego cultivó con gran éxito en La Semana Cómica, se titularon Entradas. Publicó dos libros: uno titulado Manchas de Unta, y otro en colaboración con el distinguido poeta aragonés Ram de Viu. Sus poemas festivos, sus artículos y sus cantares habíanle ya conquistado merecida fama, pero aiín le admiraron nuevamente sus paisanos cuando abordó Royo en el Ateneo de Zaragoza el estudio crítico de la literatura patria, juzgando á Baltasar de Alcázar en una serie de conferencias que se recuerdan siempre, tanto por el refinado gusto literario de que el conferenciante hizo gala, como por la amenidad de que supo revestir los datos de la erudición y los conceptos de la crítica. Años después, y ya ocupando en BLAÍÍCO Y ISBGRO puesto preeminente, leyó asimismo Royo en los salones