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L ii famoso bailai- in, aplaudiilo espei- iaUsta en tionzados y pai; rb irés, llegó á P i k ó n ccixa de Pekín, contratado p a r a lMÍi: ir d u r a n t e las tiestas en el tealro- euadra de aquel l ie! i y buscó alojamiento en casa de un hortelano llamado Chin- Chon, casado con u n a chinita de rechupete. Kegresó- el comisionado á la cocina imperial y entregó ai jefe de la m i s m a aquel costal de ricas p a t a t a s procedentes de la mejor tierra de Chin- Chon, disponiéndose el ilustre cocinero a g u i s a r l a s en las imperiales cazuelas tan pronto como á S. M. se le pusiera en his c- narices ordenarlo. (f L a noche del debut, y en pleno teatro, el bailarín flechó r e p e n t i n a m e n t e á la h e r m o s a hortelana, y Cliin- Chon, que tenía m a l a s pulgas, aunque a b u n d a n t e s se apercibió de lo que ocurría, y ardiendo en celos, j u r ó reventar al bailarín en cuanto se estuviese quieto. A íQJ Llegó el día del b a n q u e t e Fueron invitados á él ministros, generales, embajadores toda la alta golfería de Pekín, y según se les había prometido, apareció en la m e s a imperial u n a gran cazuela de p a t a t a s guisadas, de las cuales se atracaron todos b r u t a l m e n t e Oicho y liecho. Cuajido el atrevido bailarín, t e r m i n a d a la función, se retiró á descansar, el buen Chin- Chon, aquel Ótelo de h u e r t a le acorraló en su aposento, y ¡zas! le cortó la cabeza con u n alfanje que usaba o r d i n a r i a m e n t e p a r a a n d n r c n t r e sus n u m e r o s a s y distinguidas coliílores. Xo bien había comenzado la digestión en aquellos estómagos imperiales, sus respectivos dueños se vieron impulsados al baile con tal violencia, que no quedó m a n d a r í n disliiiíuido ni d a m a noble que no se levantase i, dar cuatro involuntarias zapatetas, fenómeno que les asustó muchísimo. Aterrado Chin- Chon y temeroso de las autoridades de Pikón, que a u n en la época de las lluvias suelen administrar justicia seca, no dijo u n a palabra, y echándose á cuest; is aquel cadáver corcogrático. lo enterró secretamente en un terreno que tenía destinado al cultivo de las p a t a t a s í AV fc t A A los tres meses, u n comiisionado del Emperador g. fué en busca de Cbin- Chon y le compró u n a arrol) a de palatas, pues noticiosa S. M. L de la excelencia de a, quc! rofincto. co ncibió el raro capi- icho de dar on banqiielo do ulas á ios ai ios lügnatarios del imperio. patatas T llamado á presencia del Emperador, por consejo de ios médicos de c á m a r a el jefe de la cocina, dijo á S. M. ¡Perdonad, sefior. mi descuido: pero no lie podido evitarlo, porque h a s t a después do consumidas las patatas, no h e sabido que á la tierra de donde so extrajeron le había sen i d o do abono el cuerpo h u m a n o de un bailaiin: JUAN PÉREZ ZÚXIGA