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Más difícil que era para Diógenes hallar un hombre, es hoy para una empresa encontrar un tenor. Ser feliz, más codiciado que un mirlo blanco, que el trébol de tres hojas; mortal envidiable que lleva en la garganta su caja de caudales, y en cada nota una letra á la vista; y si no, recuerde mi amigo Constantino sus tiempos de maquinista en el ferrocarril, del calor y el frío pasados sobre el ténder de la locomotora, á la vista del peligro, fijos sus ojos en la luz de los discos y en las señales de la guarda- barrera, con los de hoy, ensordecido por el aplauso de un público que le festeja y le admira en todas cuantas óperas interpreta, dueño del cartel de nuestro primer teatro lírico, mimado y querido en todos los teatros de Italia, y compare y verá lo que va de aquel muchacho bilbaíno que debutaba en Buenos Aires al calor de una fiesta de (paridad, al tenor Constantino de hoy, á quien disputan las empresas de San Carlos de Lisboa, Scala de Milán y la Gran Ópera de París. Si antes supo domar la fiera del tren, hoy h a conseguido con los encantos de su voz someter á otra no menos difícil: al público, qué ha hecho de Constantino su tenor predilecto, confirmando sus éxitos de Rigolctto, Mefisiófelos, Gioconda, Hugonotes y Raquel el caballero Lohengrin. El personaje de la ópera de Wagner ha sido fielmente conservado por el tenor bilbaíno, que ha sabido conducir tan diestramente su cisne misterioso desde la orilla del Nervión á las márgenes del Escalda sin un tro piezo. El público nuestro, y creo que casi todos, van á la ópera por el tenor. Que la tiple sea más ó menos sfogata, pase; que la contralto tenga buenos ó malos graves, tolerable; pero que el tenor no tenga brillantez en los agudos y delicadeza en la media voz, eso j a es otro cantar. Prueba que no da lugar á dudas es que el aficionado habla generalmente del drama lírico por el momento del tenor. El epílogo en Mefistdfeles, el spirto en La Favorita, el dúo en Los Hugonotes, el racontto en Lohengrin; en cuanto la orquesta dibuja la entrada del tenor, el silencio se impone, la respiración se contiene, y al que comete la imprudencia de toser en aque líos supremos instantes, se ve expuesto á las iras de los dilettanti. ¡Cuántas veces en sus principios nadie h a b r á escuchado á Constantino, y en cambio hoy todos enmudecen para oirle! ¡Qué m á s! Hasta los eternos descontentos, los que ponen cátedra en el) yer y dicen que Frasquini cuando daba tin do de pecho bajaba la bola del reloj de la Puerta del Sol, y de la Penco que cantaba con dos cantáridas en el pecho, les ha parecido como de perlas el Lohengrin del tenor Constantino. Y ya que de gobernantes no andamos muy i allá, por lo menos en representación artística algo vamos ganando. Una, pues, el artista bilbaíno á los éxitos y aplausos de todos mi entusiasta v cordial felicitación. EL TKNOR CONSTANTINO EN I.O HENGlilN 5 L ü l s GABALDÓX