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mLBJ 5. B KSFJ Kror Flaco dos ó tros años celebróse en Madrid una Exposición particular de mucl) los y cuadros, quo por sí sola ora un símbolo y quo producía á la vez admiración y tristeza. VAI aquella gran subasta, quo no fué otra cosa en el fondo, se vendían desde bargueños y sillerías de época, hasta óleos firmados por los maestros de la pintura española del siglo x v i i Unos y otros significaban nn naufragio social, el desmem ramient. o de una de nuestras más li: Jiidas casas nobiliarias, una página de grandeza nuierta de un libro de gloria que ya nadie leía. Un ambiento de esplendor pasado parecía flotar (tomo un fuego fatuo sobre las mesas y divanos allí reunidos, sobre las vitrinas, sobro las armas, sobro los inanimados restos de lo que constituyó un palacio. La Kxposieión aludida se llamaba de Osuna. ¡Ul duque de Osuna! ¿Para quién será desconocido este título do nuestra grandeza? De antiguo abolengo, el ducado do Osuna figura en todas nuestras páginas do bistoria, lo mismo en los tiempos prósperos que en las épocas de decadencia, y siempre personificando el valor, el patriotismo, el saber. Ks, ad (miás, popular 7) or las relaciones literarias do algunos de sus poseedores. Cervantes y Quovodo lian inmortalizado á los Osunas al inmortalizarse olios. Pero el duíjue de Osuna que vivo en la memoria de todos os el retratado or I) Fe ler ¡c de Madrazo, 1) Pedro Xéllez Orirón, del que puede decirse que os uno do los ¡ue cierran la serie de figuras augustas do la antigua noljieza española, encabezada por aíjuel conde do P enavonto, altivo y niagnánimo, quo no supo ni quiso inclinar su castellana fronte ante el emperador Carlos V. Proverfíial es la fastuosidad del duque de Osuna, nuestro Xabab, basta tal punto, quo si la fama no miente, nadie después do él quería aceptar la embajada de Kusia, por el ambieuto de lujo y derrocbc de que supo rodearse en aquella corte de grandes duques. De entonces data uno de sus rasgos jnás célebres. Jíailando en ierta fiesta palatina que daba el Czar, hubieron de caérsele al duque dos gemelos do brillantes con que se sujetaba la pechera de la camisa. Cada botón significaba doce ó quince mil duros. Pos criados, que ya sabían cómo las gastaba el procer español, y habían visto tal tesoro sobre la charolada tela, recogieron las joyas y se las entregaron á su dueño. -Guardái oslas- -les repuso altivamente el embajador. -C n Osuna no i- ecoge irada do lo que tira. Durante muchos años constituyó el duque de Osuna la silueta de moda de la liuena sociedad madrileña. Aún recuerdan muchos aquella apuesta figura con tanta gracia envuelta en la capa española, con algo de lord l yron en la mirada y de 1) Juan Tenorio en el continente. Todavía, cuando el retrato que se publica con esta silueta! e representa, conservaba su altivez de raza, su gallardía personal. Su palacio de las Vistillas, muí ho tiempo cerrado y solitarios los frondosos jardines en que so dieron tantas fiestas, ha tenido más suerte. La Providencia destinaba sus salones á los pasos quedos, á los trajes de seda, al misterio y al silencio. Instalado allí provisionalmente el Seminario, las sotanas crujientes han sucedido á las crujientes faldas, los clérigos á las damas. E s lo linico qne recuerda hoy al duque de Osuna, el más grande do nuestros grandes: su caserón solariego en pie. ALFONSO P I Í K K Z NIKVA