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RECUERDOS DE LA VILLA LA CONQUISTA DE MADRID Dueños los árabes de casi toda la península ibéi- ica, sólo ante las montañas de Asturias, en las (jue nn puñado de héroes osaron afrontar el incontrastable poder de los califas orientales, habíase detenido la marcha triunfal de las huestes moras, que amenazaban desposeer á los cristianos de todo el territorio. Por fortuna, el ejemplo que dieron aquellos bravos montañeses cundió por las comarcas en peligro, y no sin asombro por parte de la morisma vencedora, comenzaron á levantarse aquellas monarquías cuyos intereses les obligaba á acometer la empresa de la reconquista, mucho más honrosa, aun en caso de una derrota, que la sumisión ante los sectarios del falso profeta. Asturias, León, JSÍavarra, Aragón y Cataluña, volviendo por los fueros de la España de Recaredo, iniciaron la guerra contra los musulmanes, y fueron arrebatándoles poco á poco fortalezas y ciudades de que á su vez habían sido despojados. En poder de los árabes, que habían murado su recinto convirtiéndola en fortaleza inexpugnable, estaba la ciudad que andando los tiempos había de ser corte de las Españas. El famoso historiador y geógrafo Xerif; al- Edrisí dice que Machrith, ciudad y plaza fuerte, estaba asentada en la jurisdicción de Toledo y al pie de sus montes. Poderoso dique opuesto á la dominación cristiana, algunos reyes habían intentado su conquista, pero ninguno logró ver realizado tan audaz proyecto hasta el siglo x, en que P a m i r o 11 acometió la empresa, logrando romper s u s muros y causar gran destrozo en sus moradores; pero no muy seguro de sostener eficazmente la conquista, abandonó el recinto, tornando á León con riquísimo botín de guerra. Tras de esta irrupción y la no menos pasajera de Fernando el Magno, que no obstante sus brillantes victorias sobre las huestes mahometanas y el hecho de haber paseado triunfante la cruz por muchos de los territorios de que los árabes eran dueños, no proporcionó la definitiva conquista, sucedió el glorioso triuno de Alfonso VI, quien decidido á recuperar de una vez para siempre aquellos territorios y á exptilsar á la morisma para devolver al cristianismo la antigua corte visigoda, emprendió la invasión de la renombrada Medina Machrith, avanzado vigía de la frontera. Después de estrechar su cerco, logró Alfonso VI, al frente de sus bravos, romper los muros que defendían á Machrith, y entrando como desbordado torrente en el recinto, destruyó cnanto á su paso se oponía, consiguiendo plantar la enseña triunfante en el centro de la ciudad. No escasa parte en este hecho de armas se debió á los insignes guerreros segoyianos D. Díaz Sanz Y D. Fernán- García, que según algunos historiadores, fueron los primeros en tremolar el estandarte de la cruz en la puerta de Guadalajara. E s t e glorioso hecho, base de la reconquista, bien merece un recuerdo y un lugar preferente cuando se trata de consignar algo de lo mucho que guarda la historia y la tradición madrileñas, y que nos proponemos evocar ligeramente en estas páginas. E, CONTRERAS Jieproducciúnes fotográficas de la Sistoria de la Villa y Cortea