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SABER DONDE APRIETA EL ZAPATO Quizá tenga origen más antiguo, pero mi reencda es que la frase liizo fortuna y se lanzó por primera vez en las famosas gradas (ie San Felipe, centro de la chismografía niadrilefia en los buenos tiempos del rey I) Felipe el IV. La iglesia de San Felipe ocii aba el solar donde hoy se alzan las que un tiempo se Uanraron casas de Cordero entre la calle de Correos y la de lOsparteros. ¡Ostaba la iglesia en alto, y subíase á ella por una escalinata semejante á la que tienen hoy la iglesia del Carnien y la do Santa Bárbara. Solían reunirse en las gradas los hidalgos de la época para ver entrar y salir el mujerío; poco á poco, el sitio uedó como centro de reunión de la gente desocupada, alguien le llamó d Mcntidcro, nombre qne ha pasudo á la posteridad y que suena mil veces en las novelas y comedias de la época. Allí se discaitía y se comentaba todo, andaba suelta la maledicencia y libre la crítica; lo mismo se lanzaban opiniones acerca del último cuadro do Yelázquez expuesto allí enfronte, en la fachada del palacio de Oñate, Omo se reía la última cuchufleta de Quevedo sobre el doctor Pérez de Montalbán, ó se comentaba sabrosamente el atrevimiento del conde de Villamediana cuando se presentó á rejonear en la Plaza Mayor, llevan o por divisa esto letrero: íSon mis amorcíí y á continuaci n dos ó tres ix ales de á o ho, cosidos en la cinta del chambergo. Pues bien; auntjue para tales gentes la noticia de un divorcio no debía ser -ansa do susto, lo cierto es que se t o m e n t o nuichísimo la nueva do que un hidalgo respetado y bien quisto se había separado de su mujer, y ¡cosa aún más rara! todos elogiaban las envidiables prendas de la esposa repudiada y motejaban la conducta del marido, que janiás hasta entonces había dado que lecir á las gentes. Supo el hidalgo que su nond. n- e andaba en lenguas, y acudió al Mcntidcro, donde Ijien pronto las unradas de unos y el cnchictheo do los demás le afirmaron completaniento en su idea, ¿ílablaban do mí vuesas mercedes? -preguntó aí orcándose á un grupo. -De vos so hablaba, la verdad. Y en todo Madrid no so habla de otra cosa. -Y ¿qué decíais? -Que habéis obrado mal. Vuestra nuijer es limia. -P o r la más bolla la elegí, lis discreta. -Gomo pocas. -Es honrada. -Sabré castigar á quien li) du (ie. -Pues entonces- -Entonces ¿veis este zapato? -dijo el hidalgo ailohiutando un pie. -F s lindo, ¿verdad? -Muy lindo. -D e corte ijrimoroso. -íío hay otro mejor en la corte. ¿Le halláis algiin defecto? y e r d a d e r a m e n t e no le hallamos ninguno. i- -Bueno; pues yo sólo sé dónde me aprieta. ANTÓN MARTIN E Ü. SÍUVAÍJ