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LA ALEGRÍA DE LA HUERTA QUERIDO PACO: Más á tiempo no pue- de llegar á mis manos tu carta; en ella ne pides, á la vuelta de otros encargos, noticias de las últimas novedades teatrales, pues tú en el apartado rincón en que vives nada sabes, y te pereces al recordar tus días pasados en Madrid en los aloncillos de los teatros, viendo de cerca el carmín de las tiples; y voy á dártelas cumplidas y exactas para calmar, tu curiosidad, y para que al mismo tiempo tengas materia abundante para charlotear en el Casino por la noche. El maestro Bretón, firme y constante en la labor de llevar su grano de arena á la tan decantada ópera española, lia estrenado en el Eeal una en cuatro actos, Raquel, libro y música del propio cose cliero. Difícil es que llegues á conocer en esa capital la última obra del autor de Los amantes de fácil pues no creoTeruel, que ningu T -i na compañía de ópera aborde el problema de llevar sus gorgoritos á aquellos andurriales; y como conozco tu afán por saber el argumento y cantares que tiene la obra, allá voy con todo el equipaje, como dicen en esta tierra. El primer acto se desarrolla en casa de David. Los judíos que han quedado cesantes, sabiendo la influencia que tienen las señoras para eso de la reposición de destinos, acuerdan que Eaquel, que es más bonita que el número 14 de la serie 4. a, vaya á ver al Key para que lo de la expulsión no pase á mayores. A David le da el corazón que mejor sería mandarle un continentalexprés, pero al fin cede; á Eáquel la visten sus esclavos con lo mejorcito del cofre, y termina el acto con una invocación por la tiple y el coro. L. J: Empieza el acto segundo con una discusión propia de las Cámaras de ASAMBLEA DE JUDÍOS, MUY AKTEEIOK Á LA DE VALLADOLID Comercio; la nobleza y el clero discuten sobre la conveniencia de la expulsión, y hay quien no so queda corto en el pedi y pide hasta la expulir, sión de la solitaria. Interrumpen la faena el Eey y doña Leonor, muy anterior ésta á la famosa de! M pata rio cnhni: inmediatamente entra Eaquel y se abraza al Eey, tomándole medida de la pantorrilla iz- quierda, ignoro para qué; el Eey, al verla, dice sfoy herido! y Eaquel vuelve á agarrarse á la pantorrilla izquierda lo mismo que una sanguijuela. Los nobles de la corte observan que el Eey no acierta á ponerse la corona de la emoción que le han producido las cosas que se trae Eaqjiel, y no pueden menos de decir: ¡Hebreos para ruto hay en Oa ti la! En el tercer acto, el mejor de la obra, el Eey y Eaquel. piden poco menos que los entiórren juntos; las judías y las contrajudías, porque se da de todo en la obra de Bretón, fe- á Lk LOS MOBLES DISPUESTOS PABA DAE SABLAZOS DE TEES PESETAS EN ADELANTE