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j- n -i jf a r i T W- (Jon Ids ¡mtif fuos arreos de caz; i, ulec; re, s y ufanos, Míilieron una mañana, Jiace y a bastantes años, (lo Madrid tres compañeros jóvenes, aficionados á excursiones. cinegéticas, y un rato á pie y otro andando, á u n coto se dirigieron no muy distante del llardo, (lispuostos á. no dejar (ton vida u n solo Kaza. o. Al llcR aT á u n (pie en la vereda encontraron, vieron venir do repente una bandada de pájaros, y sin poíier dominarse, los tres á u n tiempo apuntando, (tontra los obros volátiles á igual tiemijo dispararon. Á foj- midable estampido y á monos do treinta pasos, or detrás del cascrtMi ven asomar con espanto u n respetable cornúpeto, negro, gordo y bien armad (pie amenazador y fiero ii vista en los tres lijando, como diciendo ¡allá voy h móvil) los cuernos y el rabo. Ver nuestros tres cazadores al huésped inespi nulo y salir por ol camino como almas (jue lleva ol diablo, obra íué de u solo instante, repartiendo poi- el ca. mi. o escopt tas y sombreros y uno do ellos los zapatos. Vuelven, los dos que iban últimos la Cabeza jnedi ahogados, y con ineíable gozo, al ver al t ro plantado sin intención de moverse del sitio en ue le dejaron, gritan al que iba delante con más rapidez que un galgo: ¡Detente, Ka. món, no corras! Y el pob -o Ramón, tend) lando y corriendo más, al ver asomar bajo sti brazo un cuorn (j e n el que llevaba la pólvora, perturbado oxclamó: Sí. que no corra, Dios mío, y voy encimado! ht JAVIER DB B Ü K G O S IliUJO l. E XAUDAKO (V, i