Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
lie íKiuella (lislnrme jor l) a, (Hio un cm- ids. huerpi- ctat) ii (lici n (l qnc era (Idude la ropa 1 1 ái a. l) i s cuando ti iiíaii (iiic (a- n ai- ci desierto. H Los or la tai- (le es mío de ios sitios ol) l j; a l s iara niñeras y juilitares sin íí, radii: ieión: h jy y- til los niños se distraen con los monos, ¡ueen lannito s (í ven rodeados de empiezan i Tascarse in lecorosaincnte y á pedir i; r losina, s, en tanto los grandes se detiencMi ante las jaulas de las 1i ei- as, no sin mii- ar antes (d cartelito i ¡ue liav encinia para saber á nó atenerse, sucediendo un ilía ne en una do las jaulas (pie estaba sin iiupiilino, un liond) re extrcainulamento feo elloso se (xaipaba en liacm- la limpieza; encinuí de los barrotes se leía Orantjiitúíi de Borneo, v empezaron á echark terroniís d (í azúcar y ca. calniets, tomándole ixn- el O. tMKl. no ro io animal; y -calmoutc había po (ui diferencia, pues si no ora do üornoo, ora natural do Tadraque. El elefante os otro do los animales qui más despierta la curiosidad. Hay quien lo mira del rovos, y no acierta cómo puedo llevar hi cola en la cabeza, pues oso do la trompa so (jueda para los intelií; entes. La hora do la comida es la nuis aiumada dentro del Parcpie Zoológico. Los gritos feroces do las fieras ¡lue ro (danuin su ¡larto en el festín llegan hasta el paseo do coches, y descomponen la fila do arruajes si asa á la sazón algún caballo de buen (u do. Comen earue, incluso los días do vigilia. Oarno, ¿de qué? Ivsta os la cuestión, l ero de seguro tiene mejor origen que la de muchos (nocidos madrileños. iíl menú es sabroso, pero no -i i Í F I 4i in t. vana lo. N ordad es que hay pen en el Consejo de Lstado una consulta acerca do si coindono aumentarles un plato en los lías do liosta nacional. Como luueba de la bondad de las fieras de (pie me ocupo, tataré el caso iie ocurrió no hace muchos años en Madrid. Si; escap i de la jaula el león; tomó la (Jarrera de San Jerónimo adidniUe, y cuando la lu iticia cundió, con el ¡lánico ue es natural, se encontraron al terror de las lieras tumbado traiupiilameme en la Liaza (le las Cortes, íomando v sol como cuakinier desocupado. Pues en cuanto SIÍ lo ro. Li- aron, se volvii i tran (piilamente á u; jaula, sin más novedad ¡ne la de comer aiineila tarde con mejor apieti- to, en y- racia al paseo, l o r q u o como me decía i l i g ó n uainente tm pobre diablo: I iasta las lieras del lL tiro tieO. iC- M. VI. AVI) nen más snerte uno yo: conien á las cuatro to los lo días, y yo á esa llora ignoro lo que me tiene reservado id lion iscopo. os (pie hasta para ser íiora se necesita suerte. Y rece. moudacidiies. I orciuo no todas logran el R tiro. Li- is (i. l! L! N Diluíji) lie Xidulaió! j j i fi i. viii ¡i. riíU (K un A