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Muy contados serán los madrileños que no hayan visitado alguna vez la Casa do Fieras del Ketiro, uno de los números nías atrayentes con que obsequiamos los de acá á los forasteros, que encuentran muy razonable el diclio de que iw es tan fiero el león como le pintan, al verle en nuestro Jardín Zoológico encerrado en su Jaula, triste, abatido, bostezando casi siempre como si acabase de leer un poema. El tan decantado rey de la selva, fuera del cuarto de hora, que lo tiene como una mujer, en que le da la calentura, resulta un infeliz, incapaz de meterse con nadie, ni siquiera con la propia leona, que algunas veces pasea agitada, mirándolo de a r r i b a á abajo, como diciendo- ¡Valiente badanas me has salido! Las lleras del l i e t n o son n u tratables avecindadas en Madrid niuclios anos, disfrutan con tranquilidad de sus plazas, ganadas por oposición, porque las fieras del Iletiro son inamovibles como ya quisieran muchos empleados, -holo i or defunción o por mala conducta a (an l. s puestos 1 1 antmuo león, ya difunto, que Cha es (onocio bioiido un niño, era mucho mas trata ble ¿ue algunos senadores vitalicios Ya en sus últimos años, baldado y reuinátuo, se le antaba del lecho del dolor y e isomaba en cuanto ela una cara deseono cida E n cambio, el oso cjue -vive, siempie fué m á retraído, gusta poco de la sociedad, del ti ato de gentes y pa, sa sus días letirado en el rincón de su jaula en actitud meditabunda, como si pen sara una pie 0 (ita El tigre cuenta EL LEÓN con muchos p a i t i d a n o s y c s l a f i e í a SUS mama. s políticas, que lo en que piimeio presentan los yernos á cuentran muv propio l í a y un oso pequeñito, una especie de Mctemesino, que come en la mano, guiñe en dos ó ti es len giias V se deja i c a r 1 c 1 a 1 poi (uah uiei seño 1 ita que m a m íieste ese deseo A l i t e el ai, e s trii s e i a i a n A Df muchos visitantes, gastrónomos en su mayoría, envidiosos de aquel estómago portentoso, capaz de digerir los cuerpos duros y los medios duros. Vive espléndidamente, libre de cuidados y sin pensar en pagar la casa; de donde resulta que no es tan avestruz como á primera vista jiarece. El tigre de Bengala, el tigre de las apoteosis, como le llama un amigo mío, es uno de los mejores ejemplares de la colección, y es el que está mejor en su papel: inquieto, revoltoso, no descansa un momento en su jaula, y es el mejor coco para los niños, que so Ofihan á llorar cada vez que vuelve la cara y bufa. El camello goza también de grandes simpatías, aunque mucha gente n o se explica satisfactoriamente la necesidad i v o s o POI- AR