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I O. S TXJ. RP 10I I ü (3 v: r 3 ICu roiíO -ij iini ei sal, en 1: Í orgía g: sti in i ¡iica ck est js días, ios tiii -oi; cros no son más qÍ! C i s it. aa, (lores. Msciavos (k l modesto tenderete íyaií leva. iitaron en la Plaza i í a y o r ó en nna. le sus pn iximas bocacalles, contemiilaii a general alegría sin contagiarse de ella, yatine nnicamente con el alma serena y la cabeza. despejada neden ir a ¡lan (lo bts mezquinas ¡ezas de cobro en ue calcularon la ganancia de su comercio, Vinieron de Alicante, de Alcoy, le Jijona; con el chiveteo de las iiltimas estera. s coincidió el arribo de los orimeros bloíjues de turrón, acompaña. ilos de los indispensal. iles y coloreados cartuchos de peladillas. luciéronse las primeras ventas en las tienilas de la Caa- rora do Pan Jerónimo, y llegadas las l ascuas, sin miedo al fjío, se levantaron los puestos de la Plaza 3 ayor, con su tejadillo de tabla y sri l ai iJón alnnihi- analo las iirovisiones. Al mismo tiempo (pie Madrid, invaden los turron. ei os las principados poblaciones d e líspaña, y en tiendas, en ortales 6 en uestos al aire libre, se ofrece á la golosina de los íieles los mil disfraces de la almendra valenciana, va envuelta, en baños azucarados, ya tostada y molida, formando barras de tm- nin, ya en las mil transformaciones impuestas por el civiciento progreso del arte de la confitería. 3I udos y silenciosos cu medio de la bullanga y algazara do la Plaza Ma. vor, presentando ad artista luces penumbras y obscurkbules que arrojan sobre sus trajes típicos los grandes farolones, trayendo á la memoiia el ectos lumínicos propios de los cuadros de Kombrandt, los tuia- oneros despacluiu y desi) acban su mercancía indifereiitcs al general bullicio. Llegan á sus oídos los ecos de zambondjas y i) anderetas, el canto dü losvillancicos y el rumor de los conii) radores que so alejan. Allí quedan solos en toda la amplitud de la plaza el rey de bronce, jinete sobre su percberón, y los turroneros do Alicante. Cuando- estos diías iasan y el estóiria. go ahito recuerda con tedio las comilonas de Pascua, todavía los turroneros, en la soledad silenciosa le la Idaza IMayo) ofrecen ad extraviado transeúnte los restos do su almacén y los relk jos de su íarolóm Y es que las Pascuas de los turronero. S Jie. íí an un mes nuís tai- do- que las Pascuas de los demás. Pa. saron tra. bajando los días do huelga universal, y sólo guardarán tiesta cuando hecha, liquidación de la tenipoi ada uedan comerse en familia el liltimo trozo de y el último cartucho de peladillas ue ya no cupiei- on en el vientre, ahito de iNIadiáil poi Pascuas. UccJO i) D KOni- acr 0 L 0.i cr. N