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Jiion ¡sabe la divina Terpsícore que iunií el baile veixla deramentc nacional es el del espejo. Knsaye usted un paso nuevo, sea de jota ó de minué, ya en la danza social ó en la política, ya en la danza literaria ó en la taurouiá uica, é inmediatamente verá usted enfrento de si- -como si se reflejase su imagen en la más clara y limpia de las lunas iine fabrica D. Basilio Paraíso- -la figura de otro danzante que copia los gestos todos y ademanes de usted, con una exactitud y fidelidad que para sí quisieran las bailarinas en quienes se ba inspirado el autor de La Danse devant la Miroir. Una ideita nxieva en la prensa; una ocurrencia feliz en el teatro; una tentativa acertada en el Arte; un pase de molinete que lo salga bien al Enagüitas; una manera de llevar el bastón que saque el duque de la Vaselina; una muletilla original que prodigue en sus nuirmuracdones el cáustico J. ongüeta; hasta un nuevo modo de cíojear con que salga por esas calles cualquiera de nuestros primeros atáxicos y en el a (tto se encontrará el inventor con la contraflgura que al propio son y compás, cojee, y charlo, y lleve el bastón, y maneje el trapo, y actúe en la escena, y maneje los pinceles, y trabaje en el periodismo como en la mejor ensayada danza del espejo. ¿Qué es sino una danza del espejo eso que en la jerga política y parlamentaria se ha dado en llamar pacto de los partidos turnantes? E s danza y contradanza, y tan bien llevada, que se concluye por no saber cuál es la figura original y la contraflgura refleja. Asi como el niño que ante un espejo se pone á hacer muecas, acaba por perder la noción de sus propios gestos y cree estar remedando á su propia imagen, nuestros originales- -vamos al decir- -acaban también por seguir las muecas y actitudes del figurón de enfrente. ¡Y se dice que no hay dos españoles que vayan de acuerdo! ¡Si este es precisamente el país de los monos de imitación! Y no sólo so baila la danza del espejo por parejas, reproducidas hasta lo infinito. Colectivamepte bailada, alcanza en España un éxito y un niímero de representaciones como no los soñó 1) Simón de las Eivas para el baile aquel que solía en tiempos salir un poquito desigual. ¿Huelga en el Norte? En el acto surge otra en el Mediodía. A la actitud coreográfica de tal partido, corres- íí pondo inmediatamente otra igual de otro de enfrente. Con el alboroto estudiantil de Villaseca coincide maravillosamente el de Villafrita. Y aún no han rematado su padebtiré los campeones tradieionalistas en el Congreso de Orbajosa, cuando ya marcan idéntica conclusión los paladines avanzados en la Asamblea lil: re- ponsadora de la Puebla del Chin- chin. ¡Siempre la danza del espejo! Es lo que dijo el David de los Salmos que tengo para mi uso particular; -Díme cómo bailas, y te diré quién eres. ¿Cómo bailáis? ¿Copiándoos los unos á los otros? ¡Tíspañoles- seis. DUlCiOS i) E X. UnARO SIAWAXO D E CAVIA