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La danza del espejo 6, hablando con propiedad, anta el espejo, es bastante conocida. ¿Quién que liaya sido asiduo concurrente al que fué teatro del Príncipe Alfonso, ya en los gloriosos tiempos de la Pincliiara, ya en los no tan afortunados de la Límido, habrá olvidado cierto baile de regular aparato, que si no recuerdo mal, se intitulaba Fanny Essler? E n vez del telón do fondo, colocábase una gran gasa con sus visos azulados- -recurso liarto primitivo- -que fingía ser un gran espejo. Del lado de acá practicaba sus evoluciones un selecto pelotón de bailarinas, y al otro lado las repetía exactamente otro escogido grupo de boleras como no dice ya ni Liern. (Verdad es que el pobre Lierñ se ha muerto, y las boleras han pasado á la historia. No siempre salía la doble evolución con rítmica igualdad. A lo mejor solían equivocarse las figuras de aquende ó las coutrafiguras de allende el supuesto espejo, y el efecto se tornaba lastirhosamente cómico. Cómico para los espectadores; lastimoso para el desesperado Garbagnati ó el Guerrero, ó el Moragas, ó el Estrella, que allá entro bastidores agasajaba á las damas del tonelete con un Pero esta clase de agasajos verbales pertenecen al género de Lo que no puede decirse. Ahora se ha arreglado la danza del espejo de otro modo, limitándola á una sola pareja de danzarinas. Y aquí do mi toma, que pronto queda expuesto, porque aquí cabalmente traigo los papeles. So ha muchos días leí en un periódico parisiense la siguiente noticia: Mr. Fran ois de Curel viene de terminar una nueva comedia intitulada La danza delante del espejo, dónde el sujeto le ha sido inspirado por una escena vista en un musichall: una bailarina ejecutando delante de un helado sin azogue un paso que una otra ejecuta idénticamente del otro costado del lielado, como el reflejo exacto de la primera Nótese que traduzco con sujeción á los estrictos cánones de nuestros vertedores más aprovechados y aplaudidos. ¡Uno debe ser hombre de su tiempo y hacerse digno de sus ilustres contemporáneos! Francisco de Curel figura en la juventud literaria de París- -y no sé si también en la coreográfica- -como uno de los más brillantes, sustanciosos y atrevidos innovadores dramáticos. Buenas cosas se le habrán ocurrido, de seguro, acomodando á la danza del espejo sus penetrantes observaciones sociales, ya las exprese en amarga sátira, ya con dulce ironía. Pero si Curel anduviera entro nosotros y para nosotros los españoles escribiese, no una simple comedia en tres actos, sino una en tres larguísimas partes, como la del Dante, podría componer el noble amigo con los motivos que de continuo y en todas las esferas se ofrecerían á su atención y á su crítica. Suele decirse- -y esta es una de tantas mentiras convencionales- -que aquí nos pierde el afán de llevarnos la contraria los unos á los otros; que el verdadero espíritu nacional es el espíritu de contradicción; que no hay dos españoles que se entiendan ¡Nada más falso!