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í cs de imor (que entre los trovadores eran sinónimos amor y poesía) quedó ternniiada en 1356, y de ella se enviaron copias á las principales villas del Languedoc. Los certámenes continuaron celebrándose todos los años durante el siglo x i v En el sello adoptado por los siete jueces, se llamaban éstos mantenedores de la violeta de oro de Tolosa, y la sociedad ó compañía se titulaba Consistorio del gay saber. A esta institución va unido el nombre de una dama, á quien se cita como fundadora ó restauradora de los juegos florales en la ciudad paladiana. Se trata de Clemencia Isaura, cuya existencia b a sido puesta en duda por unos y negada por otros, no faltando quien ve sólo en el nombre de Clemencia un sencillo vocablo bajo l cual los trovadores invocaban á la Virgen Iaría, patrona de los juegos florales. ííada de esto. Clemencia Isaura existió. Ya no bay duda alguna. Kstá perfectamente demostrado (pie tiene su historia y también su leyenda. Hija de Ludovico Isaura, nació Clemencia por los años de 1464 en un castillo de las cercanías de Tolosa, y era aún muy joven cuando perdió á sus padres. A pesar de haber quedado libro y dueña de una fortuna considerable, quiso vivir solitaria y retraída, sin que los goces del mundo tuvieran para ella tentación alguna. No pretendió casarse tampoco; empleaba sus rentas en obras do caridad y beneficencia, y diéronle las soledades de su retiro ocasión para sus estudios, dedicándose al cultivo de las letras y de la poesía provenzal. A su muerte legó todos sus bienes para fundación de unos certámenes que se crearon bajo el nombre de Juegos Florales. Esta es la historia, y no se aparta mucho de ella la leyenda. Según ésta, Clemencia Isaura, rica doncella tolosana, hija predilecta de los dioses por sus gracias y belleza, vivía sola y lejos de los rumores y placeres del mundo en el castillo que por sus padres le fué legado. Quiso u n día su buena suerte que conociese á un joven y gallardo doncel, trovador y poeta, hijo natural de un magnate de Tolosa. Se llamaba Renato; trovaba y componía muy diestramente, y era maestro en armas y en letras, renombrado por su valor y gentileza. Viole y oj óle trovar Clemencia en cierta ocasión, y se prendó de él con cariño de amores. El castillo de Clemencia Isaura tenía u n frondoso parque, y á orilla del lago azul un viejo sauce, bajo cuyas hojas lanceoladas y ramas en desmayo aparecía una hornacina con la imagen de la Virgen María. El pueblo la apellidaba la Virgen del Sauce. Se llegaba á ella por un camino umbroso orillado de violetas, que eran embeleso de los ojos y perfume del espacio. Al pie mismo de la enflorada hornacina acostumbraban á tener los amantes sus entrevistas y coloquios de amores, que eran puros y castos, como amparados por la Eeina Soberana de los cielos y la tierra. Una tarde llegó Kenato, los ojos tristes y herida el alma. Se veía obligado á partir con su padre para la guerra. Era un deber ineludible y sagrado. -Ko sé lo que podrá durar mi ausencia- -dijo Renato. -A mi regreso serás mi esposa. Te lo juro ante la Virgen que nos oye. r- i V á: s. k l. vfti ií ¿r- íitó, g! 5 B