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FLORES DE LA CALLE Las tldrcs U 1: ¡calle no pei t iu cei! a nm. üuua clasilicacií iii bütáiiica ¡luicida; es iíiútil h jear ni devo -av libros; Liniu Dccaiiílolk; y üuf fon nada dicen yolorc estas lloros, y, sin eiubarso, existi ii, viven y se crían, nuiy espcciabiiente n nuesti- a tierra, Cecunda eu jiracias y donaires. Las tl r s ÍUÍ la calle nacen al calor una frase anH rí sa; brotan en lo espontáneo de nn reipiielii o; se abren al re -olver de nnos o. jos ne. yros, chai ladores. Seiínranient. e no bay llores como éstas el arroyo, dicluis al jia. sar, a. l S nti el crujido le una. ena, í; na. al rt ¡car de nnos ies nieinidos; llores quv tienen más i) erfnnie ipie las oti as, (pu arraigan sin l lantar as. La semilla. (U las lloi es amorosas u ei mina. más pronto: no- necesita, del abritío de la. tierra, de los minuciosos aiida los del jai clinero ara su vida, no; basta, para su cri cimiento el yalor de nn cora, zoncito, la. aleu ría de una cara. H) nita y la. luz de nnos ojos de cielo. Si las llores ¡ue viven en la í atiiralcza. dando color á. los eampo. s, ronipicjido con la. ariedad de sus matices id monótono uris do la. tiei i a, son para la. mujer el mejor pre i u de su hermosura, nuiclio más codician las otras, las (pie cultiva, el amor y la galantería. Las primeras a. dornan su cabeza; rend. ida. s en el escote del vestido, perfuman su pecho; las seiiundas s jn su más preciada eje (uitoria. y si son dichas por él, entonces su perfume es más ex (piisito, sus colores- nuís euítendi los, son más encantadoras. Y en este punto se ÍTn ojio una. elasiticaeión. or ne, natura. lmente, no toda. s las llores de la. callo tienen las núsmas projiiedades; las hay de varias clases: desde las que viven en estufa. hasta las qno nacen y se crían á la ijitemperie; desdo el reipiiebro atildado y correcto del eleííante, hasta, el ¡uijn. i ui! ja. carandoso del asistente. Xo todo el nuiíulo puede cultivar estas flores; son r e c i s o s ciertos rciiuisitos: írracia, desparpajo, oportunidad- -e. sio sobre todo; (pie las cosas del ipierer, como el arroz, tienen también su punto. Las flores de la calle las podemos dividir en los s ruientes íírupos: í. o ro í da sociedad, flores teatralaa, fl. ore i de oerhmia, flores de pkiarns, fl, oi eH al encnentí- o. fl. orss- rn. üüarai y flo c. s de maloijro verte íjüena, cultivadas jjor la- rente castiza, (pie es la ipu! se trae más cosas di; botánica. Y vayan unos cuantos ejemplos: Flor de sociedad: L n joven dirigiéndose á una señorita de alto ran. a o: ¡Quién U (liera con el nácar de sus dientes hacerse una botonadura! ¡Yo la. llevaría sobre mi pechera toda la vida! Flor teatral: Laiíívaentraen í xicaiueriíío después de una formidable ovación. Un abonado: ¡Ali! ¡cómo ha. cantado uste l. la caoallctia. En la frase a uelhi de ¡oh, mío ío! ha estado usted sublime. Pero como en Ganallaria, mida. Yo, es la mejor analleria (pie he visto. La tiple (piitándose el carmín de los labios: ¡Adulador! Flor de verbena: -Bailando con usted, no liay cilindro i osible. ¡Si yo no fuera fuerte de cabeza, im; moría d e un derrame sei- oso! Flor de pesante: ¡Quisiera ser el nuierto jiara (pie me lloraran unos ojos tan lierinosos! La viuda al paño... de lá. írrinuis: ¡Oh! es muy jn- onto i) ai- a pensar eu eso. Flor al encuentro: Ic tiene usted nuís rendido que Lad. ysmith! ¿uisiera que viviese usted en el ñu del mundo, pura que lo conociéramos juntos. Flor militar: ¡Ole la mosa más sorteable de este reem. plaso! ada- vez (jue la miro usté se me ensancha tanto el corasen, ue hasta li: ¡s botones de la. íiuerrera saltan de prctos oue se ponen. Flor de nialcgro verte yiiena: -liaga usté el favor de avisar cuándo sale á la calle pa echar la jiersiana, porque el sol mo hace mucho daño. Y aquí sí que viene bien la ecctera, como dicen en La Imana sonihra. Vi L U I S (rABALLÓX