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cieron los primeros brotes todo fué atención y esmero para úirigirlos y desarrollarlos. Creció el robusto tallo más, mucho más que el do las otras flores; aquélla sin duda iba á ser una hu 3: %ii. moza. Ya esperándolo así, complacíase el clavel en contemplarla, seguro de encontrar en ella ima nueva adoradora; y satisfecho de antemano con su con uista, observaba el crecimiento rápido de las hermosas liojas, entre las cuales brotó un capullo tierno, verde, que se convirtió bien pr nto en ílor arrogante de matices diversos y colores vivísimos. ICl clavel la miró con encanto y se prendó de olla; las otras flores sintieron envidia, porque en realidiid aquella exótica compañera sobrepujaba á todas en hermosura y gallardía. ¿Cómo te llamas? le preguntó el clavel. -Me llamo claVfi, contestó con meloso acento americano. ¿Do dónde te han traído? -ü e Msjico. -líres muy hermosa muy hermosa... muy hermosa No supo decir más; toda la arrogancia del clavel tro se de pronto en timidez y cobardía. La dalia miró á su adorador con desdeñosa indiferencia; y como si quisiera estimular aquella i) asión que so manifestaba humilde y apocada, elemostró al punto su ijreferencia 0 r el jazmín de wí hojas de nieve, por el heliotropo ie amargo aroma, por el nardo fragante y por el poético dondiego, que se abría de noche par; i contemplarla. Así, concediendo su fiívor pasajero á unos y íi iV otros, encendió nuis y más el amor del clavel hasta enloquecerle. ICn vano; amantes siempre y ahora compasivas, 0- rocuraban embriagarle con sus aromas la rosa y la violeta, y atraerle con sus encantos la margarita, la perpetua y la pasionaria; mustio y rendido, idólatra ciego de la flor veleidosa, el clavel mendigaba humilde alguno de los favores que tan fácilmente concedía á sus otros amantes. Y sobre el tallo verde y erguido, el clavel desmayó poco á poco, y su corola se d e s h i z o y las hojas secas desprendiéronse del cáliz y cayeron en tierra... Que así como p a r a los galanes presuntuosos hay mujeres coquetas, véngadortis de las apasionadas, para los claveles vanidosas no faltan nunca dalias insensibles, flores sin aroma, serc sin alma. MiGOBL RAMOS CARRIÓN v- Sí i é r: N i -r