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oKDmu 5 íso soii flores de precio Oh njatitcs ni de perfume delicado ii íalta que les hace Cada ser viviente trae á este p i t a i o mundo una misión que euinplir, aunque de alsjunos no e sepa que misión traen, como no sea la de re ventarnos á los demás Ija Divina Pro- idencia, tal v e asesorada por un experto turamleio rural, dio á las flores cordiales la misión de aliviarnos lc ciertas ilo lencias. Forma de emplear estas flores la infusión. Recipiente adoptado al efecto: la taza. Acompañamiento más usual: el azúcar. Hay quiísn se mofa de las flores cordiales. Pero hace muy mal, que lector. Si en el ojal del frac ó del slopeen- carr como llama al sinokkig la Ruperta) se pone usted un bouquet de flor de malva, promoverá usted la lalación de cuantos lo vean. E n cambio, si con el íin de sudar, cuece usted en un apreciable puchero una varita do nardos, usted sudará, pero es si toma la infusión bajo el sol de Agosto y embozado en la capa; de otro modo no hará usted más que fomentar la coquetería interior de su honrado aparato digestivo (q. 1) g. Ko hay, pues, que reírse de las flores cordiales, señores claveles, delicados pen samien tos, fragantes rosas y sonoras cam panillas, que si es cierto que ellas no embellecen las mesas n i suelen ser arrojadas X desde el palco á los pies de la tiple beno- r fi ciada, también es cierto, según dicen, que surten efectos de gran provecho para el individuo, abrigando su fuero interno, reanimando su corazón y hasta confortando su espíritu, aunque parezca imposible que haya espíritu abatido capaz de ser (jnfortado con agua de borrajas. Como quiera (jue BL. -VXCO Y VEGUO no es precisamente, UU tratado de botánica ni un Mamud dul perfecto harholario, creo impertinente acpií un examen técnico de las diferentes plantas cuyas flores reciben el nomlirí; de cordiales vulgarmente. Sólo sé que se llaman así la flor de malva, la amapola, la violeta, la tila, el azahar, la. manzanilla, la flor de saúco, el orégano, la salvia, la luisa, la borraja, la camamila, la calaguala y la yedra, or más que estas últimas no son flores propiamente, sino hojas; do modo que para echárselas al coleto no hay más remedio que hojearlas, como sucede con los libros. Todas ellas se emplean en la curación de los constipados, exceptf) la tila, que se ba inventado para que las señoritas nerviosas se enchartiuen por la parte de adentro cuando tienen alterado el sistema; el azahar, que adorna el pecho de las novias, con más menos razón; la manzanilla, que no hace mal papel en los vientres levantiscos; la calaguala, que neutraliza el efecto de los sustos, por gordos que éstos sean, y la camamila, que viene á ser una pequeña camama. Aparte do esto, la frase: t; Adiós, corazón! que ayer le soltó uu sujeto á una chula en la calle, debe íigurar entre las floras cordiales. Y no debe despreciarse como flores cordiales á mis amigas Margarita y Kosa, porqut: al menos para confortar la viscera cardiaca y promover el sudor, creo que pueden servir. ICn el empleo de las flores cordiales liay que cuidar de no equivocarse. Una vecina mía pidió á su doncella mucha tila. Y cuando liabia ya consumido diecisiete tazas, observó que no se le aphicaban las sacudidas del sistema nervioso, y tuvo ue abstenerse de andar, porque en todas partes so enredaba. ¿Y sabe usted (pió fué? Que en lugar de un cocimiento de tila se lo habían hecho do enredaderas. Concluyo haciendo al lector una advertencia. Cuando tenga usted algún arieute amigo acatarrado que necesite sudar y halle dificultades para conseguirlo, no le dé us. nunca flor de malva: obligúele usted á que escriba pronto y bien un artículo a. mcni) jk- sobre las flores cordiales. Si al cumplir el encarguito no rompe á sudar como un desesj, f perado, es que no tiene vergüenza en los poros. J U A N VtliEZ ZÚÑIGA DIBU. IOS 1 H- X A U D A R Ó