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1 1 iuiiicnso arco iris de 11 somicíroulo perfecto, brillante pií l i r i i i cobijaba al Paraíso. i ii LOS los más atre ddos, por ver á I I i! II! i 1 i i tendieron el vuelo al arco de colores, y sobre el arco de colores se posaron. ll Los más tímidos siguieron el ejemplo de los más osados, y nuevas bandadas ruzaron el cielo, y trazando círculos, como las golondrinas sobre el mar, sobre arco celeste vinieron á caer. 1 tin, todos, unos tras otros, aislados, en parejas, en bandadas, fueron posándose sobre el arco inmenso de los siete colores. Asegurii, uien pretende haberlo visto, que era un hermoso espectácxilo. Abajo, VA ÍI sobre el campo de verdura; el arco iris por encima, y todo él cargado de angelitos de cabecitas i- ubias y de alas blancas. ¿Y qué había do suceder? Al fin el arco iris es muy débil, muy cristalino, y por lo tanto muy quebradizo. Sobre él cargaban en toda su extensión enjambres innumerables de ángeles, que aunque por sí no pesaban mucho, por la atracción que Eva ejercía sobre ellos, casi en cuerpos pesados se transformaban; en suma, que resultaban pesados mirando con tanto afán á una mujer, y la fábrica irisada, el arco de los siete colores, no pudo resistir más y se vino á tierra roto en miles y miles de pedazos, como se rompe el cristal cuando se rompe. Pero es el caso que aquellos añicos de colores vinieron á caer sobre e! manto de verdura, y cada uno de olios, al penetrar y fundirse con las verdes plantas, conservó alguno de los colores del iris, y el campo se llenó de ñores. Yo no sé s ¡la leyenda es cierta, aunque presumo que sí lo es, y si no lo fuese debía serlo. Pero resulta, en conclusión, que las flores no han sido otra cosa que un arco iris roto en pedazos y esparcido sobre el verde uniforme de los campos. Y como la causa de la catástrofe celeste fué Eva, por eso á las mujeres les gustan tanto las íiores. De Adán nada dice la leyenda. No sabemos si le tocó alguna parte de la irisada Ihivia. Desde entonces las flores existen, y son tantas y tan variadas en formas y en colores como lo fueron los pedazos del arco celeste en aquella ruina de los cielos. Algunos de los ángeles se resintieron mucho de la caída, porque se vio que con dificultad remontaban el vuelo. O sería que con pena se alejaban de Eva y del florido verjel; verjel florido, repetimos, I T