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dugos les obsequia, no con ol noble fin de hacer más dulces sus horas últimas, como a los condenados á muerte, sino con el avieso propósito de hacer más apetitosa su carne, más ooosiderable su peso y, por consecuencia, más elevado su precio en el mercado. Como lo temíamos sucedió. En torno de u n gran cubo de sopas picoteaban los infelices cuando llegamos. Y la vista de nuestra cámara, recordándoles su desdicha y haciéndoles volver á la realidad, detarminó la dispersión del grupo. Por foiLuna, la fotografía ya estaba hecha, y podemos servir 1 público este interesante momento de la vida intima de los pavos, j untamente con otros, sorprendidos después, en las distintas fases del calvario á quo en estos días se les somete, hasta que la mano despiadada de una doméstica pone fin á s u s días y á su martirio. La glotonería humana no se conforma con saborear la carne con que la Naturaleza se sirvió vestir los huesos de los pavos, condimentada con las salsas discurridas por el ingenio culinario, sino que para completar su obra y dar más gusto al paladar, discurrió otros medios que hicieran más sabrosa la misma carne, sin tener en cuenta lo cruel de esta previsión, que pone de relieve el egoísmo de los gastrónomos. Sobre este punto, así como sobre lo que se refiero á la cría, vamos á dar algunos pormenores quo juzgamos curiosos. Los doce ó quince pollos que nacen de una vez, mediante una incubación de veinticinco á treinta días, permanecen en el nido, que generalmente es un cesto, cerca de una semana. Durante este tien. LOS PAVOS Como á cada cerdo le llega íti San Martín, 4 cada pavo le llega su Navidad; esto es inevitable, porque pavos y cerdos se crian para regalo del hombre, y BO habría razón, humana que le hiciera desistir de la idea de saborear la nutritiva carne en el día quo la costumbre ha dispuest) quesea éste el manjar más codiciado y apetitoso. Xo hemos tínido, pues, más remedio nosotros, esclavos da la actualidad, que ir á turbar ol plácido reposo de sus últimas horas, aun com. prendiendo que nuestra presencia había de S 3 rles t i n t o más enojosa cuanto que debía evocar en ellos el recuerdo de su próximo sacrificio, quitándoles el apetito para contiaaar engu lendo con fruición, on absoluto olvido de su triste tuert- los últimos soponcios con q i e la previsión dj sus vor- J