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UN PRODIGIO MUSICAL mgSmmm S i E K BS I H H I H H K piezas con tal maestría, con tanta seguridad y tan exquisito arte, qne nos dejó mudos de asombro. Las manos del diminuto piam ta recorrían las teclas con n a agilidad pasmosa, y sus deditos arrancaban al piano notas sontida 8 yyigoro as, coiBosÍ 8 u t e no fuera efecto de una mecárnea prodigiosa, sino de un sentimiento inconcebible Oírnosle tocar la jota do Gí a tes y cahetudos, el coro de los repa 9 triados, unas malagueñas y el mia ñ é de La Viejecita; y, como el numeroso p 4 blieo que le oyó por primera vez, no pudimos menos de prorrumpir en aplausos entuBiastas ante aquella manifestación extraordinaria del genio. Todo lo que pudiéramos decir en elogio de la oriatwra resultaría pálido é increíble para el que lo leyera. Es de esa cosas qne sólo viéndolas se creen; es n a a de esas manifestaciones inexplicables del Poder Divino, ante las cuales la razón tiene que rendirse y la lógica prostemarse. Para gloria de todos, debe e l íamo Hacedor, que se ha servilo hacer ese prodigio, consérvame s á esa criatura, llamada vesttribir la página más g k r i o ía que registre el arte musical le todos los tiempos. olagnifia EL HIÑO RODEÍGDKZ AHTE EL P u n o Fransen, expresamente para BLANCO Y N E S R O hecha