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XiMí va ol poeta llevando á la espalda, (i) n las cuerdas flojas, Ja lira cansada. 121 poeta viejo, a que no canta, porque ya no sueña 111 tiene esperanzas. Sobre sus laureles durmióse Imsta el alba, y al rayar el día bajó la montaña. Solo por el valle silencioso avanza pisando la fresca hierba aljofarada. Y como el que busca, lentamente marcha, siempre sobre el suelo fija la mirada. ¿Qué busca el poeta? La flor de sus ansias, la flor de sus sueños, la ñor más preciada. ¿Cuál es? Él lo sabe. Quizás al hallarla en la vieja lira ya otra vez templada, brotarán arpegio. s que lleguen al alma, y el canto del cisne de los labios salga. Bajo verde toldo de tilos y acacias, un jardín encuentra del monte en la falda. Rosas amarillas, blancas y encarnadas, jacintos y nardos, geranios y dalias, lirios y alhelíes, claveles de grana, jazmines de nieve y azucenas candidas, con gratos ai- omas el aire embalsaman y alegran l a vista mostrando sxis galas. Pero el triste vate las contempla y pasa, porque allí no encuentra la flor anhelada. Por fin, ya en el campo detiene su planta, por la pradera tiende, la mirada. ¡Ah! sin duda el bardo, con nobleza de alma, prefiere á las flores erguidas y vanas las pobres y humildes azulinas pálidas ó las inocentes margaritas blancas. Las flores silvestres acaso le encantan, y quiere con ellas tejer sii guirnalda. Mas no, que las mira y no las arranca y sigue buscando la flor ignorada. ¿Qué busca el poeta? Busca FLOE DE MAL S S, pues tiene un catarro que ya no lo aguanta. KAMOS OAllE