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LonObra elegida para la representación era un melodrama traducido del francés, muy sensacional y archiefeotista: se titulaba El castigo del cielo, y su argumento se reducía á exponer las desdichas de una tonradisima familia, la cual era victima de cierto avaro sanguinario y cruel, llamado Roberto, verdadero monstruo de ferocidad y de egoísmo. Al terminar la obra quedaba triunfante la virtud y castigado el vicio, por tal manera, que Roberto se veía obligado á devolver á la honrada familia ios bienes que antes le robara, y al ñn le mataba valerosamente el hermano de cierta joven á quien el criminal había seducido. El subdirector representaba el odioso papel de Roberto, y algunos auxiliares y capataces y las mujeres de ellos tenían á su cargo la interpretación de los demás perso; i: i; -la obra. El director del presidio lo era á su vez de la -i i. y los ensayos se verificaban todas las noches en el local i i ís; i ...lo á escuela de los reclusos, los cuales ya sabían de lo ii. s. i rataba y procuraban portarse lo mejor posible para no I- tr. i, ños á l a fiesta. i. h í i jS í m 1 1 l: a se levantó el director muy preocupado, y después de 1- imi has vueltas á las ideas que le atormentaban, habló de 1.1 1I- Miera á los actores de su improvisada compañía: -Kl drama estoy seguro de que no gustará. I ir q u é? jmf r. -sí- T -Porque no hemos tenido en cuenta la condición del público que ha de asistir á la representación. ¿Cómo es posible que á los criminales les agrade un drama lleno de ¡uoralidad y de sanos principios? No; esa gente es mala y sólo se puede complacer de maldades Creo que tendreu os un alboroto, y sospecho que habremos de recurrir á la uardia del penal para sofocarlo; tal vez haya víctimas y francamente, no quisiera que una sencilla diversión se convirtiese en una tragedia llena de responsabilidades para nosotros. -Eso se arregla fácilmente, -dijo el subdirector. ¿Cómo? -Modificando las últimas escenas del rama. Yo me comprometo á variarlo e modo que resulte lo contrario de lo ue aparece; es decir, Roberto, venoelor, secuestrando á la mujer que ama, obando su fortuna y degollando á toda u familia. ¡Magnífico! exclamó el director. Esa! S un gran final, un desenlace sorprenLente que ha de agradar mucho. De este modo se arreglaron las cosas: el subdirector modificó el dram. a com. o queda dicho; los actores lo ensayaron á conciencia, y por fin llegó la noche de la representación. Se improvisó el teatro en el mismo local de la ya dicha escuela, que mediría veinte metros de largo por cinco de ancho; alzóse el escenario en el fondo de la sala, que tenía una puerta independiente por donde entraban los actores; se levantaron dos tribunas ó palcos de honor para el jefe y los oficiales de la guardia, el director, su familia y el antropólogo, y allá, en el extremo opuesto al escenario, bajo la vigilancia de una compañía de soldados con el fusil al brazo y la bayoneta calada, se apiñaron más de cuatrocientos presidiarios con sus correspondientes cabos y celadores. Al levantarse el telón se esparció ronco murmullo; los presidiarios, que estaban de pie, se agitaron para acomodarse al punto de vista; la atención abrió las puertas del alma, y la gran masa criminal quedó inmóvil y en silencio. El antropólogo compartía sus miradas entre los actores y los presidiarios: en la escena buscaba la causa emocional, y en el rostro de los confinados el efecto psicológico producido por ella. Era en verdad interesante contemplar aquella gran pina de caras feroces, atezadas, expresivas, audaces, conm. oviéndose, algunas por vez primera, ante las incitaciones de la repreBentaoión teatral.