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V. Habla mal de todo el mimdf y escribe peor que habla. De lo que dice se enteran los que tienen la desgracia de esouoharle en el café y observar cómo se guarda los terrones para un perro faldero que tiene en casa, y que hace lo que su amo casi todo el día: ¡ladra! Ladra y gruñe el critiqui lo; y menos mal cuando charla, porque hay un viento piadoso que se lleva las palabras; mas, cuando coge la pluma, se echa á temblar la Gramática, se retuerce el Diccionario de la Lengua Castellana, y de miedo, las cuartillas se ponen mucho más blancas. Su letra no es española ni inglesa: es letra bastarda que los cajistas no entienden y eso el critiquillo gana, porque mejor que lo escrito resulta siempre la errata. Dicen, y yo no lo oreo, que estudió Veterinaria, y dicen que el profesor, cuando en clase le sacaba para explicar de las bestias las enfermedades varias, ¡Nosce te ipswm! le decía arrojándole del aula. Lo cierto es que á Madrid vino desde un pueblo de la Mancha, con seis obras bajo el brazQ: tres saínetes y tres dramas. Con los dramas se reían, con los sainetee lloraban, y cansado y aburrido de eBcrihix para las tablas, y viendo que no metía dentro del Arte la pata, el aprendiz desdichado se dejó toda la barba; se hizo maestro Ciruela; se estiró; tosió con rabia, y entró en un periodiquillo bisemanal, que tiraba treinta números, contando con la gente de la casa. Sobre sus lomos echó la crítica literaria, y sin respetos á nadie allí escribe, ó allí escarba, alcanzando la pezuña donde la mano no alcanza. Uenegó del apellido, orno hijo de mala casta, al seudónimo pidió que el nombre le negaba. ü n decadente se firma, el seudónjm o le cuadra, ue estuvo su decadencia siempre á la altura ie alias. ¡Ay del que estrena un juguete! porque en juegos no se anda, y cual niño mal criado los juguetes despedaza para ver sí encuentra dentro el meollo que á él le falta. Con qué fruición escribe ¡La obra nueva fué silbada! sin pensar que los silbidos que se escuchan en la sala demuestran que la tal obra fué leída y aceptada, honra que no consiguieron sus saínetes y sus dramas. Su crítica no hace mella, pues no sale de las cajas y los treinta caballeros que el periódico redactan, pero él figura en la lista de críticos, y le mandan para que juzgue el estreno la consabida butaca, que ocupa siempre llevando smoMn en vez de albarda. ¡Qué difícil escribir! ¡Qaé fácil el poner faltas sin razonar los defectos, y qué triste es el que haya critiquillos como éste, que en letras de laolie ladran! J O S É J A C K S O N VE ÍAN C