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Guando todavía no han sustituido los madrileños el gabanoillo de verano que se impone en los primeros días de Noviembre con la airosa capa que anuncia los primeros fríos; cuando ol Guadarrama no se ha cubierto aúa con su abrigo de nieve, ni de sus crestas elevadas ha enviado á la corte los vientos que hielan y ajuchillau, como mensajeros del invierno a p a r e c e n por todas las calle de Madrid los c iás de Valencia, que vienen con el único objeto de preparar las habitaciones con el cómodo abrigo que ha de hacernos conforta b ¡e la casa en 1 as veladas de Diciembre. AI ver las cuadrillas de valeDcianoB que con sus grandes rollos de esteras á la espalda y sus sacos de alíombra rameada en que llevan los útiles de su AL trabajo cruzan ias calles, cae uno en la cuenta de que el invierno se avecina, de que con el enjambre de cosas propias de la estación pasada TRABAJO desaparecieron de las horchaterías las mesas de mármol para dejar el sitio á los rollos de pleíta y corlonoillo con que han de cubrir el suelo de sus habitaciones los que para preservarse del frío no pueílen permitirse eí lujo de alfombrar su casa. Entonces se hace uno cargo de que, en efecto, es urgente adoptar esta medida de precaución, porque el traidor invierno vendrá de pronto para exponer nuestra salud si nos coge desprevenidos. Al propio tiempo que las tiendas para escoger los géneros con que ha de vestir en la estación próxima, el Madrid que compra visita los almacenes y las esterarías, que ven a 2; ota ree sus existencias en po: o tiempo, y el trabajo do los operarios aumenta en tales proporciones, que apenas pueden dar cumplimiento á los encargos que reciben. Almacenes de alfombras y de esteras hay en Madrid que contando con wm m m 5 1 1 COSIENDO ALFOMBRAS ESCOGIENDO ALFOMBR IS