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ECHE USTED NOMBRES PROPIOSI o LAS CENOBIAS DE LÓPEZ SK. D MBLITÓN G- 0 NZÁ 1. BZ. Amado Melitón: Voy á referirte Luisa y llanamente la muerte de mi amigo López, pues Moisés de memoria todo lo ocurrido, y que me Marta un rayo si faltando al Ocíawío mandamiento Rodrigo la verdad. ¿Pero tú no Sobas la historia de López? Pues mira los datos que he podido TBOoPilar: El Segundo día del mes de Julio de 1870 nació en Constantinopla, Su madre era aiiCasiana y su padre le YioAlvaro. Aquélla era una mujer de alma Per ecía, Regina siempre por las Maximianas de la religión Cristina, y el padre era un hombre muy Rufino y muy bien educado, pero muy Severiano también. Parece que estoy viendo á López con su larga Melania y su Escolástica de punto, y su Pantaleón de la Ana dulce, tocando siempre la Gornelia y hecho un Simeón como todos los chicos. En fin, una criatura tan Ramona, que daba Gustavo Berta, pues por su mucha Engracia promovía la Hilaria de todo Edmundo. ¡Y cuánto Sofia ei pobre cuando tenía Higinias, ó cuando le Rosalía en la cara algún Filemón, ó cuando le atacaba la tos Geferina y tenía que tomar bromuro de Protasio! Mientras López permaneció Sotero estuvo Servando una conducta intachable. Yo le conocí Bibiano en la Plácida de Antón Martin, y Riaurdo perfectamente que montaba un Jacoho alazán muy Benito y tenía u n Pedro salón Especioso: unos tomando jicaras de Oueufate, otros Ramón en dulce con Rufas y huevos Süarios, otros Cecilia con esCaroZa (cosa que allí Abundia rancho) otros Cirilas Claudias en Aníbal, otioa pasteles de Natalia y vasos de Simón Eladio; todos, en fin, tomaban algo, menos López, que está inapetente y no Cosme nada. En cuanto entré dijo López al criado: -Tomasa Ha- w ve, baja á la bodega, isaácate un jarro de Gabino Alejo de la Pepa grande, y después tráete el coñac y la Aniceta de Burdeos. Pero recordaron que cuando me emborracho tengo Balbino, y empezaron todos á decir: Genoveva, Genoveva. Después de hablar de las Polonias que. hemos perdido y de las que aún tenemos en el Adolfo de Guinea, pregunté á López por su Cenobia, aunque es cosa que irRita sienípre á sus hei- manos y logra saCarlos de sus Casildas. ¿Tanto te iiíTeresa? -me preguntó López. -Algo Daría por conocerla. -Pues voy á darte Justo. -Muchas- -Dco ra as. -Mi Cenobia- -dijo López- -es una joven muy Robus- r wti de Terranova y un Loreto parlanchín encerrado en una Laura que le Lucía mucho. Un día me llamó López por el ürisógono, y yo, después de pasarme por la cabeza el peine y la Leandra y de ponerme una Casimira de color azul Celestino, me fui á su Casia. Todos los hermanos Esteban alJí reunidos en un tiana, huérfana de uno que tocaba en las murgas el Bernardino. ¿Si? Pues Aurora caigo en quién es. H a sido Aquilina de mi casa; y lo que te Diego es que al quererla no Sabas lo que te Priscas. Eaa mujer no puede hacerte Feliciano, porque aunque sé Enriqueció heredando una cuantiosa Fortunata y es persona de Quiterio clarísimo, tiene Eugenio de mil demonios. Sólo puedo decir en Eulogio suyo, que á cualquiera le hace Antolín por lo guapa que es. ¡Si tiene una nariz verdadera-