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nv ESGBNA DEL ACTO II Coppée. Confirmó su reputación encarnando el Querubín de Mariage de Figaro, y actualmente maravilla á los públicos prestando su voz de oro al desesperado amante de Ofelia. ¡Nada, que en su inquieta vida lo paradó. iico es ley! Respecto á su biografía, ¿para qué repetirla nuevamente? Todos los públicos europeos se la saben de memoria, porque si no iia habido en este mundo existencia más accidentada que la de Sarah, tampoco nació en lo que va de siglo quien tuviera más cronistas ó biógrafos, unos de cámara, como si dijéramos, y otros espontáneos. Era ya entre los periodistas franceses norma de conducta invariable que cuando alguno de ellos se encontrase en la dura necesidad de emborronar cuartillas y no tuviese asunto disponible, se ocupara de Sarah, y artículo hecho. En este sentido, la gran actriz francesa ha sido para la prensa parisiense una especie de artículo de primera necesidad. Nacida de madre judía, fué por imposición paterna bautizada, y aunque en los rasgos de su fisonomía quedó la tradición hebrea, en su alma se impuso el catolicismo, merced al agua redentora del Sacramento. Ingresó como colegiala en el convento de Grandohamp y dio repetidos disgustos á las madres Agustinas de la comunidad, sus profesoras, unas veces por sus melancolías y otras por sus diabluras. Cuando no estaba ferozmente triste, se hallaba haciendo méritos para escribir trescientas veces la palabra cachot (en romance calabozo) Entróle de pronto un gran fervor místico, y ya se disponía á abandonar el mundo, desengañada de él y entusiasmada del hábito de religiosa, pero su misticismo desapareció, sin duda, al probarse Sarah la monjil vestimenta. Después, y por consejo de un amigo de la familia, emprendió la carrera dramática, ingresando en el Conservatorio francés, en el cual fué una de tantas educandas; como si dijéramos, una futura actriz española. Llegan luego los días tristes de su profesión (iluminados por el sol de una misteriosa escapatoria á España) hasta que, según dije antes, se revela como una gran actriz encarnando el rabio y gentil paje de la poética composición de Coppée, y desde entonces todos son triunfos, aclamaciones, flores y miles de francos. ¿Su edad hoy? No la tiene. ¡Conozca Sarah por esta afirmación que España continúa siendo la tierra clásica de la galantería! Después de todo, Hamlet es inmortal, y Sarah es Hamlet determinadas noches. GiNás DE PA 8 AM 0 NTE SARAH EN 1899