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LA CASTAÑERA Llegó ya el invierno, llegaron las nieblas; ya el frío es llegado; ya junto á mi puerta colooa su hornillo, colooa su mesa y el farol que la alumbra, la alegre gentil castañera. Gitana es, gitana graciosa y esbelta: la tez cual de bronce, la boca más fresca que rosa en capullo; sus dientes son perlas, y sus anchas pupilas, radiantes, carbunclos semejan. De flores orladas las ondas que besan su nuca, relucen en castaña espléndida; grandes arracadas luce en las orejas, y en el cuello un collar de abalorios de múltiples vueltas. Purpúreo pañuelo de crespón de seda y flecos larguísimos su busto moldea, su busto arrogante de estatua soberbia, su busto de mármol, en donde el que pasa la vista recrea. De metal dorado brillantes pulseras que ajorcas parecen, ciñen sus muñecas; y su limpia falda plegándose deja ver sus pies, dos primores que encienden la sangre en las venas. Mirad á su amante d e p i e junto á ella; su amante, un gitano de hermosura enérgica, de negras patillas, de hirsuta melena, y de ojos de antílope henchidos de ardientes promesas. Luce airosamente la corta chaqueta, pantalón de pana, camisa entreabierta, cordobés sombrero; y al desgaire puesta una faja celeste, su traje gitano completa. Gitano y gitana se quieren de veras. OlBUje DE V A B S L A y ¡ay del temerario! ¡ay del que se atreva y un punto traspase la hermosa frontera al llegar á la niña que tiene su puesto en nii puerta! ARTURO BEYES