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de vía para los viajeros de El trajín del tren nos durMálaga! ¡Fonda! mió al salir 3. e Madrid y En el andén nos esperanos despertó muy cerca do ban los amorosos brazos de Montero; descorrimos las Antonio González, secretacortinillas del coche y entró rio del Club- Guerrita, é- inun hermoso día de cielo discutiblemente el aficionaazul como- una turquesa; los do de más peso que conozoo. compañeros de viaje bosteUna jardinera noia llevó á zaron más ó menos profunnuestro alojamiento; camdamente, según sus faculbiamos de ropa como si tamtades, no sin antes pregunbién fuésemos á torear, y tar, como quien vuelve do fuimos inmedia. tamente en largo desmayo, dónde estábusca de Bafael Guerra. En bamos. Asomados á las venel centro de un corro de tanillas, con las caras terroaficionados y toreros de su sas y ios oj os parpadeantes cuadrilla, con el chatito de de la mala noche, contemMontilla en la mano, en plábamos el p i n t o r e s c o actitud verdaderamente focampo cordobés, cerrado en tografiable, estaba el califa, el fondo por la sierra y el verdadero Deseado por regado por el Guadalquila afición. Guerra, en cuanvir, que con frecuencia asoto supo que había una doma sus aguas, sin duda para cena de clichés dispuestos que no se le eche en olvido. para impresionarle, se alarSe acabó e l cinematógrafo; mó, y seguramente en su un señor grueso sacó pitivida torera no habrá tenido llos, y otro más delgado la una prevención ni un receconversación sobre lo que lo tan grande como el que motivaba nuestro viaje. 21 OCTUBRE 1899 sintió á la vista del impla- ¿Conque van ustedes á DESPUÉS DK SU RETIRADA cable objetivo. Guerra me Córdoba? lo dijo. Ya se había retirado del toreo, era un caba- -Sí, señor. llero particular, y no quería recordar para nada lo- ¿Seguramente á eso del Gnerra? pasado, sino vivir tranquila y sosegadamente en su- -Seguramente. ¡Qué fenómeno! ¡Qué tío más grande! El se lleva casa de Córdoba con los suyos, labrar sus tierras y marcharse al campo con su trailla de perros á cazar la llave d e l toreo y de la afición. liebres, su afición favorita. Por lo que respecta á vol- -Eso oreemos. ver algún día, reclamado por una función benéfica ó- -No tiene duda. T cuando estábamos en lo de la llave y empezába- por algún espectáculo extraordinario, á vestirse el mos á engolfarnos en los más hondos misterios, una traje de luces, rotundamente afirmó que se había voz bien templada nos dio el alto: ¡Córdoba! ¡Cambio retirado de los toros para siempre; que al año, como