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EL SUENO DEL DIABLO HISTORIA PATOLÓGICA El diablo tenía un sueño horrible; diabólico, debiéramos deoir. Y era muy natural, porque el diablo no duerme nunca. Dormir es descansar, es olvidar; ¡y Satanás tiene tanto que olvidar! Por eso mismo, en las cláusulas de su castigo eterno hay una clara y terminante que dice: Se le prohibe dormir. Conque figurémonos si tendrá sueño; ¡siglos y siglos y siglos sin pegar los ojos, á contar de aquel nefasto día en que dio la caída inmensa desde lae regiones de la luz á los abismos de la sombra! Todo ciudadano, y aun todo pecador, apaga la luz y á dormir: pues al diablo le apagaron la luz, y á velar en el tiempo sin fin. Velar horas y horas es un tormento; pero velar á obscuras por ios siglos de los siglos, debe ser tormento cruelísimo, infinito. Y como el diablo sufre todos los tormentos, tenía que sufrir éste. Por oso era tan horrible el sueño del diablo. Al fin pensó: ¡Si yo pudiese conciliar el sueño! Pero ¿cómo? E l enemigo malo no tiene sueño propio, sueño que le pertenezca y del cual pueda disponer á su antojo; ¡ah, si lo tuviera, siempre estaría durmiendo! No lo tiene, pero puede robárselo á quien lo tenga; ¡mucho le importa al diablo un robo más! Está robando constantemente almas y conciencias, ¡y no ha de robar, si le conviene, unos cuantos jirones de sueño para vendarse con ellos los cansados y encendidos ojos! Y se echó por el mundo á robarle unas cuantas horas de sueño á cualquier mortal. Es de notar que desde entonces empezaron, y aun hoy siguen, los desvelos de los mortales. El diablo les roba el sueño y ellos quedan desvelados; pQTí ay. que al diablo no le sirven sus robos; no los iil i iMviía, no puede aprovecharlos! r j i ué le sirven unas cuantas horas de descanso, si 1 ii- n. -siumo atrasado de innumerables centurias? 1 H todas maneras, quiso hacer la experiencia y empe -ó i i Imiuar gente que durmiese. ¡I- jntró primero con un niño de pecho que dormía iTi hr. i is de su ama, que dormía también. Y el diablo y nfó: Cuál de estos dos sueños tomaré? El de ésta no, l ii- i ii 1- 1 sueño de un ama de cria debe ser muy estú Tinaaré el delniño, que parece un angelito y debe I Mii- r nn sueño muy tranquilo y muy poético. IJI ili.i blo es muy poeta. Por excesos de poesía le pasó I 1 ipio h- pasó. ji- acercó al niño y le robó el sueño, hundiendo iLijiH l iironcito de sombra en su cráneo inmenso de rii iMiiido. I ui -desengaño y qué molestia! Aquel sueño no era) i. i i i.i ra el que necesitaba Satanás. Una partícula de t. ui- i! i) ij. iilando en un enorme cerebro desvelado. Y una p. irtícühi molesta, porque danzaba dentro del hueco i iiMi- ii! líomo los pedazos de metal danzan dentro de un L m (ilestaba, le ponía nervioso, le hacía saltar aquel eo. V. At- diablo no es diablo decían en el infierno, ul. i di- rfe fué á dormir. Este diablo se ha convertido i- fi iiujero de niño. Y aclomás entre sueños decía cosas ridiculas: quería iii. ui ar. itueria que le cantasen, llamaba ¡ama! á la pasiega. Decididamente era una degeneración evidente del espíritu de las tinieblas. Y acabó el sueño de una manera vergonzosa para el diablo. Es peligroso acostarse con los niños y aun robarles el sueño. Fué una nueva caída para el diablo: el saínete de la primera. Y en el infierno, donde el principio de autoridad también anda muy en baja, se murmuraba á todas horas de la grotesca aventura de Satanás, y se repetía con alegría infernal por los diablillos inferiores: ¡Toma, toma inocencia! TJn diablo formal decía en tono de doctor: Se lo he dicho, se lo he dicho: con los niños no podemos meternos los diablos; salimos mal: con las manos en los cuernos y la cola humillada. Conque el diablo hubo de renunciar á sueños infantiles. Pero es muy terco y no renunció á su idea. Probaria el sueño de una persona formal: de un sabio, por ejemplo. Al gabinete de un sabio de primera magnitud se fué, y á las altas horas de la noche, al dar el sabio una cabezada sobre cierto libro, aplicó el diablo los carnosos labios á la espaciosa frente, y le sorbió el sueño al venerable. f i ils. lii l u- Í- f W I