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nuncio otro disenrso recomendando el trabajo, la virtud y el ahorro, y después abrió á la chusma las puertas de la cárcel, por donde salieron todos corriendo y retozando y haciendo burla del señor gobernador y de los dómines. No habían transcurrido cuatro meses desde estos sucesos cuando el señor gobernador dio orden de encarcelar de nuevo á los rateros, y llamando á su despacho al directer de la Escuela Normal y A. los sacerdotes les habló de esta manera; -Sin duda no han instruido ustedes lo bastante á los reclusos, porque lo cierto es que ahora cometen los mismos robos, engaños y picardías que antes, tal vez con más profusión y malicia, y por lo tanto será necesario recorrer de nuevo el camino y darles otra mano de doctrina cristiana. Quedaron los sacerdotes confusos y silenciosos ante aquella triste nueva, pero el director de la Escuela Normal respondió al gobernador en estos términos: -Yo creo, salvo la opinión de V. S, que esos rateros serán rateros siempre, aun cuando sepan, no digo doctrina cristiana, sino teología y cánones, porque la moralidad no se arraiga cultivando la memoria, sino despertando en el corazón lo que pudiéramos llamar sentimientos esenciales, ó sea el amor á la patria, al bien, á la verdad, á la justicia, el sentimiento de la dignidad, del propio decoro y otras muchas virtudes que se avivan con el ejemplo, rodeando al niño de una atmósfera de pureza, recato y honradez, para lo cual han de concurrir incesantemente lo mismo el maestro que los padres durante algunos años La religión es garantía de la estabilidad de estos sentimientos una voz desarrollados en el niño: pero arrojar preceptos donde no hay conciencia que los acoja ni inteligencia que los penetre, es lo mismo que sembrar semillas en yermos peñascales No recuerdo X: sp. 1 ít. íL j; W i I IIÍULUULJIIIU vaíiutí filósofos griegos sobre la manera de regenerar las pervertidas costumbres de aquella nación, arrojó uno de ellos en el suelo un puñado de manzanas podridas, preguntando: ¿Quién de vosotros es capaz de conseguir que esos frutos recobren su primera salud y lozanía? Como todos callaran porque V i la cosa no tenia enniienda, el filósofo replicó con aire de triunfo: Hay a un medio, un solo medio: sembrar de nuevo las pepitas que encie í t J í r- i rran. Esto demuestra, señor gobernador, que la obra de la regeneración no se consigue queriendo sanear de pronto los elementos ya podridos, sino por medio de la educación metódica bien dirigida, í sabiamente organizada, que comience á ejercer influencia en los ¡i niños antes de que sus espíritus se inficionen con la atmósfera deletérea que todos respiramos. El gobernador, mal impresionado con aquel discurso, se dirigió á la cárcel, donde estaban de nuevo los pilluelos, y mandando abrir las puertas, dijo á los rateros que llenaban el patio: ¡Ea, manzanas podridas, fuera de aquí! LoB pilluelos se precipitaron gozosos hacia la calle, en tanto que el gobernador exclamaba: -Esta organización administrativa es tan insensata, que los hombres de buena voluntad no pueden hacer nada bueno. BISOJOS DE ESTEVAN KAFABL TORRÓME