Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LAS MANZANAS PODRIDAS Caando nombraron gobernador civil de trna importante capital de España á D. Facundo Jiménez y MartíBez, llevaba propósitos de reformarlo todo; pero muy. presto se convenció de qne no podía contrariar á los caciques porque el G- obierno vivía de la fuerza de ellos, ni á los altos empleados porque medraban á la sombra de los caciques, ni á los humildes porque eran cómplices de los poderosos; y de esto modo halló tan encadenadas las maldades administrativas, que se cruzó do brazos exclamando: -El mejor gobernador es el que no gobierjia. Sin embargo, como no le satisfacía la conquista pasiva de la nómina, comenzó á cavilar lo que pudiera hacer, y no atreviéndose 4 regenerar á los que comían, resolvióse á la salvación de los que estaban en ayunas, y se propuso moralizar á los vagabundos pilluelos, golfos, Sinoonetes y Cortadillos de la capital; á la hampa menuda que por las calles pululaba. Ordenó con la mayor energía qué los agentes de la f, autoridad prendieran á la des- i Á arrapada chusma, y en pocos Í: V J días se llenó de bribonzuelos v T t T 3 rateros el patio de la cárcel. i, Allí se encaminó el goberna. V- M i y i. dor empuñando su bastón con borlas, y pronunció Un discurso á la falange harapienta, hablando de los deberes del hombre, de la moral universa del altruismo y de otras muchas cosas m u y metafísicas y muy trascendentales que fueron escuchadas por los golfos naientras hacían internos comentarios sobre los bigotes del eñor gobernador y su lustrosa calva. Después llamó á su despacho al director de la Escuela Normal y á varios sacerdotes con el sanísimo intento de que enseñasen á aquellos infelices reclusos la doctrina cristiana, porque á su juicio, la ignorancia en que vivían era la causa de la inmoralidad con que obraban, y únicamente el conocimiento de la religión podía apartarles del pecado. Por no contrariar al señor gobernador obedecieron sus órdenes los señores curas y el pedagogo, aunque- éste último no tenía mucha fe en el buen resultado do su trabajo, y un día uno y otro día otro se encaminaron á la cárcel á enseñar á los golfos todos los preceptos y oraciones del catecismo. Antes de tres meses estaban instruidos, porque muchos de ellos ya conocían algo de la materia. Se verificaron exámenes que presidió el gobernador, el cual se frotaba de gusto las manos cada vez que un golfo repetía como un papagayo los Artículos de la fe, la Salve, ios Mandamientos ó las Bienaventuranzas. Una vez convencida la primera autori dad de la provincia de que la menuda hampa se hallaba bien dispuesta, pro-